PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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momento como si fuera el último, como si de ellos dependiera el destino de la
humanidad. Cuando te levantas en la mañana, Dios ya ha colocado para ti un
escenario maravilloso para que vivas un día de plenitud: ahí está el estallido de los
colores en el amanecer, los cantos de los pájaros, la firmeza de los árboles, la
sonrisa de las flores, el olor del cafecito, el aire que ensancha tus pulmones, el
don gratuito de la vida y de las personas que te rodean.....Todo te lo brinda
generosamente. Todo lo pone a tu servicio para que tú también sirvas. Proponte
vivir el día a plenitud, en el servicio, en la ofrenda interminable de los pequeños
detalles. Recuerda siempre las palabras que solía repetir la Hermana Teresa de
Calcuta: “A los niños y a los pobres, a todos los que sufren y están solos,
bríndales siempre una sonrisa alegre. No les brindes sólo tus cuidados, bríndales
también tu corazón. Tal vez no podamos dar mucho, pero siempre podemos
brindar la alegría que brota de un corazón lleno de amor”. Un saludo cariñoso,
una palabra de aliento, una sonrisa, un abrazo..., pueden cambiar una vida:
***
Paseando por una calle de Rusia, durante la hambruna que acompañó a la
guerra, el gran escritor Tolstoi se encontró con un mendigo. Tolstoi revisó sus
bolsillos para ver qué encontraba para darle a ese pobre hombre. Pero no tenía
nada: ya lo había dado todo antes. Movido a compasión, abrazó al mendigo, besó
sus mejillas y le dijo:
-No te enfades conmigo, hermano, no tengo nada que darte.
El rostro macilento del mendigo se iluminó. Y brillaron las lágrimas en sus
ojos, mientras le decía agradecido:
-Pero tú me has abrazado y me has llamado hermano. ¡Eso es un gran
regalo!
(Tomado de Lewis, Hedwig, “En casa con Dios”, Mensajero, Bilbao)
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