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69.

Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de
las indulgencias apostólicas.

70.

Pero tienen el deber aún más de vigilar con
todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen
sus propios ensueños en lugar de lo que el
Papa les ha encomendado.

71.

Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.

72.

Mas quien se preocupa por los excesos y
demasías verbales de los predicadores de
indulgencias, sea bendito.

73.

Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo,
con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.

74.

Tanto más trata de condenar a los que bajo
el pretexto de las indulgencias, intrigan en
perjuicio de la caridad y la verdad.

75.

Es un disparate pensar que las indulgencias
del Papa sean tan eficaces como para que
puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la
madre de Dios.

76.

Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve
de los pecados veniales, en concierne a la
culpa.

82.

Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el
purgatorio a causa de la santísima caridad
y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las
razones si él redime un número infinito de
almas a causa del muy miserable dinero
para la construcción de la basílica, lo cual
es un motivo completamente insignificante?

83.

Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las
misas y aniversarios por los difuntos y por
qué el Papa no devuelve o permite retirar
las fundaciones instituidas en beneficio de
ellos, puesto que ya no es justo orar por los
redimidos?

84.

Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga
de Dios, y por que no la redimen más bien,
a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?

85.

Del mismo modo: ¿Por qué los cánones
penitenciales que de hecho y por el desuso
desde hace tiempo están abrogados y
muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?

86.

Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya
fortuna es hoy más abundante que la de los
más opulentos ricos, no construye tan sólo
una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?

77.

Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy,
no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el
Papa.

78.

Sostenemos, por el contrario, que el actual
Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc.,
como se dice en 1ª de Corintios 12.

87.

Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el
Papa y qué participación concede a los que
por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?

79.

Es blasfemia aseverar que la cruz con las
armas papales llamativamente erecta,
equivale a la cruz de Cristo.

88.

80.

Tendrán que rendir cuenta los obispos,
curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.

Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría
hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace
ahora una vez, concediese estas remisiones
y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?

89.

Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿por qué suspende las
cartas e indulgencias ya anteriormente
concedidas, si son igualmente eficaces?

90.

Reprimir estos sagaces argumentos de los
laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos
con razones, significa exponer a la Iglesia y

81.

Esta arbitraria predicación de indulgencias
hace que ni siquiera, aun para personas
cultas, resulte fácil salvar el respeto que se
debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.

Martín Lutero: Las 95 Tesis

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