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simplemente el perdón de todas ellas, sino
solamente el de aquellas que él mismo impuso.
21.
22.
23.
24.
En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el
hombre es absuelto a la vez que salvo de
toda pena, a causa de las indulgencias del
Papa.
De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los
cánones, ellas debían haber pagado en esta
vida.
Si a alguien se le puede conceder en todo
sentido una remisión de todas las penas, es
seguro que ello solamente puede otorgarse
a los más perfectos, es decir, muy pocos.
Por esta razón, la mayor parte de la gente
es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.
guros de su salvación mediante una carta
de indulgencias.
33.
Hemos de cuidarnos mucho de aquellos
que afirman que las indulgencias del Papa
son el inestimable don divino por el cual el
hombre es reconciliado con Dios.
34.
Pues aquellas gracias de perdón sólo se
refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas
por los hombres.
35.
Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la
contrición para los que rescatan almas o
confessionalia.
36.
Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
37.
Cualquier cristiano verdadero, sea que esté
vivo o muerto, tiene participación en todos
lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios,
aun sin cartas de indulgencias.
38.
No obstante, la remisión y la participación
otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya
he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.
25.
El poder que el Papa tiene universalmente
sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura
lo posee en particular sobre su diócesis o
parroquia.
26.
Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee),
sino por vía de la intercesión.
27.
Mera doctrina humana predican aquellos
que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.
39.
Es dificilísimo hasta para los teólogos más
brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante
el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
28.
Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la
Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.
40.
La verdadera contrición busca y ama las
penas, pero la profusión de las indulgencias
relaja y hace que las penas sean odiadas;
por lo menos, da ocasión para ello.
29.
¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del
purgatorio desean ser redimidas? Hay que
recordar lo que, según la leyenda, aconteció
con San Severino y San Pascual.
41.
Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no
crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.
30.
Nadie está seguro de la sinceridad de su
propia contrición y mucho menos de que
haya obtenido la remisión plenaria.
42.
31.
Cuán raro es el hombre verdaderamente
penitente, tan raro como el que en verdad
adquiere indulgencias; es decir, que el tal
es rarísimo.
Debe enseñarse a los cristianos que no es la
intención del Papa, en manera alguna, que
la compra de indulgencias se compare con
las obras de misericordia.
43.
32.
Serán eternamente condenados junto con
sus maestros, aquellos que crean estar se-
Hay que instruir a los cristianos que aquel
que socorre al pobre o ayuda al indigente,
realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.
44.
Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cam-
Martín Lutero: Las 95 Tesis
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