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lourdes olmos .pdf



Nombre del archivo original: lourdes olmos.pdf
Autor: DANIA BETZY BATISTA

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Papyroflexia

...la poesía
despierta

revista digital de literatura y arte, nº 3, Panamá, 1 de febrero de 2013.

PÁJAROS MIGRATORIOS
Lourdes Olmos-Cunningham
nº 3
poesía

@ Lourdes Olmos Cunningham, 2013.
@ Papyroflexia, revista de literatura y arte, 2013.
Esta edición se realiza con fines educativos y para distribución
gratuita en las redes sociales.
Editada y distribuida desde Ciudad de Panamá, Panamá.
Contacto:

papyroflexia@hotmail.com

2

PÁJAROS MIGRATORIOS
(selección pre-antológica)

Lourdes Olmos Cunningham

.

Papyroflexia, revista de literatura y artes.
Panamá, febrero, 2013.
3

4

APUNTES SOBRE UNA MUJER DE AGUA

5

6

Lourdes Olmos Cunningham
[Escucho el mar golpeando la ventana]
Escucho el mar golpeando la ventana.
Gritos que anuncian hierbas de olor
traídas de occidente.
Octubre es el mes de tu cumpleaños,
es el mes de las tormentas.
Antes de asomarme a la ventana
ya te veo caminar por la avenida transitada.
Adivino también el puerto
azotado por una lluvia de polvo.
Sé que nos conocimos en esta ciudad
de ángeles.
Eres el hombre que deambula desesperado,
pero el que duerme conmigo me ofrece su costado
esa agreste montaña
como un espectáculo hermoso.

7

Pájaros migratorios
[Ahora que el viento sopla fuerte]
Ahora que el viento sopla fuerte
y nos toca como hélice su brazo izquierdo
duele y confunde y nos sacude
arrastra recuerdos putrefactos;
corro al malecón que imagino
con la memoria de un mástil.
Algo mueve mis direcciones hacia ese mar
que lacera tus entrañas.

8

Lourdes Olmos Cunningham
[Cuando pasa el afilador]
Cuando pasa el afilador
mi abuela, mis tías y mi madre
callan.
Se sacuden los vestidos y la piel.
Es la costumbre.

9

Pájaros migratorios
[Estamos llenas]
de aromas frutales
y sabores agridulces
que alguna vez pertenecieron a los seis
o siete años que tuvimos
Damos vuelta a la moneda:
Somos rostros en espera de la identidad que nos dicte el azahar.
La ciudad nos preocupa:
Este monterrey antiguo y con sol que también tiene palomas,
Como la Italia del sueño que no dejas de contarme
Y en su estanque hay un remanso de aguas
que envuelven los canales De Venecia.

10

Lourdes Olmos Cunningham
[Nube de telaraña]
Soy más perdurable que una hoja al viento.
Tan antigua que una moneda de veinticinco centavos tal vez.
Esta vez no me quiebro ante el silencio.
Ni me envuelvo en el disfraz de la auto conmiseración.
¿Sera que a los cuarenta me he vuelto mineral?
Voy burlando el rumbo de un depredador
he aprendido a vislumbrar las trampas.
Puedo ver a la distancia la podredumbre del moho y la resequedad
que ocasiona el miedo.
Como una loba escondida en su madriguera
Provista de su verdadero instinto salvaje
he descubierto el nuevo camino que me lleva a casa.
Ya percibi el olor del perfume musical que desciende
De los cabellos de Elena de Troya.

11

Pájaros migratorios
[Supervivencia]
Hombre murciélago de ojos linterna
Te di el poder para amarme
Y te convertiste en sucio mercenario de mis emociones
Te arroje a la hoguera y devore tu carne
Enhiesta,
Se por derecho propio que existo
Y soy mi propia hélice aun sin ti.

12

Lourdes Olmos Cunningham
[Por la mañana ]
Tras el primer café de la aurora
Celebro el privilegio de estar aquí:
Ese extraño misterio que me jala de entre las sabanas
Y me hace estar en pie muy temprano .
Perdida en los jardines de las casas de Tampico,
Veo iguanas de cola larguísima y me recuerdan
La distancia que hay entre el cable del teléfono y nuestro aliento.
Celebro el privilegio del encuentro :
Los sonoros latidos del pájaro carpintero
Me sumergen y elevan en una danza aérea .
Aspiro la humedad en las olas
Que arrastran consigo las pasadas lluvias
Y llegaron a la costa
Tarareo la canción que en estos días celebran:
La amada libertad de nuestro anonimato.

13

Pájaros migratorios
Pájaros migratorios
Enciendo el fuego para iluminar el insomnio
Y renovar el fragor del viento entre hojarasca.
Enciendo el fuego
para quemar los fatídicos errores de la historia,
al menos los de Santa Ana y Napoleón.
Enciendo el fuego,
Para quemar mi anonimato de las sombras
y mi corazón, hoy sereno no se desboque como fiera
precipitándose por el vertedero de las noches de invierno
en las que el insomnio se profundiza.
Si enciendo el fuego en la estación más lúgubre del tiempo
Tal vez la inmisericorde tormenta de preguntas cese.
Enciendo el fuego
Porque el pasado es una gacela veloz y silenciosa
que avanza
Sin la mas mínima esperanza de ser de nuevo visto.
Enciendo el fuego innombrable, inasequible, ingobernable
para quemar en esa hoguera luminosa
todo lo absurdo y fútil entre nosotros.
Si enciendo el fuego, ha de ser porque esa incesante llama
me retorna al azul,
ese institucional color puesto en los muros de la casa de mi abuela;
el azul de mi infancia es diametralmente distinto
al que Carlos Payan pinta en sus cuadros,
ese hombre lunar que me regalo el azul y el intento.
Si enciendo el fuego
lograre quemar en esa hoguera luminosa
todos los malos augurios y patrañas de la historia.
.
14

Lourdes Olmos Cunningham
Perdona el desorden
Tendré que acostumbrarme a esta nueva idea de la refracción
y convergencia de la luz;
al olor de los pinos que se incendian con el mínimo roce del sol.
Encendí el fuego para quemar lo antiguo
lo entendió mi madurez precipitada,
no hay disfraz de crueldad, vanidad o falso orgullo
que al final no sea develado.
Perdona el desorden,
si me acerco al fuego,
al menos estaré a salvo en la estación venidera;
el fuego cauteriza las heridas encapsuladas
en el ADN de las hojas de invierno que caen imprecisas de los árboles;
perdona el desorden que provoca este inminente olvido
los laberintos de mi memoria están ahora en construcción
y no hay motivo íntimo que me guié
a buscar una salida de emergencia,
sumergida en el pantano,
con las piernas todavía fuertes para sostenerme,
continuo mi recorrido hacia el rescate de los geranios
dulces criaturas tristes
enmudecen de olvido.

15

Pájaros migratorios
Casas de Beverwijk
Pequeñas casas de ventanas abiertas
y lámparas nocturnas;
historias de hombres y mujeres
que habitan un tiempo delicioso
de estrellas de mar bajo la arena.
Las cafeteras aún silban puntuales
el ritual del pan y los peces.
La luna reflejada en la oscura hidrografía
de los canales de Ámsterdam
es todo un espectáculo, sin duda ahí
yacería inmerso un corazón encantado
por un centenar de años.
Casas cubiertas de hojas,
la helada y pálida faz de cobertizos y fachadas,
la dedicación y el empeño de sus gentes
por sobresalir al ángulo solar.
Contemplando esta pasión añeja
por los árboles desnudos que exhiben su esqueleto
me convierto en árbol,
bailo a merced del viento justo para la floración.

16

Lourdes Olmos Cunningham
Montserrat
Aunque débil es mi olfato,
todavía percibo el aroma de las flores que marcaron tu inicio
y que nunca perdieron su fragancia
a pesar de los innumerables viajes sin retorno
donde las distancias se acortaban cuando estábamos mas lejos.
La blancura de tus palmas me dicen
que te aguarda una vida nueva y decorosa,
la dulce y todavía frágil infancia que atesoras,
el amor por las conversaciones que el tiempo apremia;
y la dicha que navega el viento de tu juventud.
Ahora que te observo en perspectiva
puedo traducir tu universo razonado,
tu pensamiento abstracto
me habla de la ganancia y la pérdida mutuas,
que soplan como mi mas severa intuición.
Llegaras lejos, hermana, madre e hija mía,
Se que lo harás;
Un día tu silueta se debilitara a lo lejos,
Al cerrar mi puerta.

17

Pájaros migratorios
Lagunaria
Por entre las hojas, oscuras aguas se perfilan
insinúan palabras convertidas en esfinges;
ululan lejanías en la humedad corpórea de los vientos.
Vapores se convierten en súplica y algunas veces...
abren la puerta del tiempo
hacia la plenitud de un azul crepuscular,
quizá me contagiara la risa y me legaran el secreto.
Flores marchitas naranjas o amarillas
para tu día de muertos;
flores,
flores de palma que trae el tiempo hacia ti
flores amatistas, crisantemos,
xempazuchitl y azucenas
semejan cardos y espinan tus mejores intenciones
en las ondas de luz,
en el filo de las corrientes que albergan
la palidez de un cuerpo que deambula por los canales de Ámsterdam
la transparencia del zafiro en su miríada
abrillantando la noche.

18

DESEOS Y ARREBATOS

19

20

Lourdes Olmos Cunningham
París
Aún aquí,
en este diminuto cuarto de hotel
donde eres asunto prohibido
veo tu imagen bordada entre las sábanas.
Me llega puntual tu rancio olorcillo de vinagre y menta;
aspiro una sonrisa oscura y torpe
mi apasionada memoria de coleccionista
insiste.
No quiero ser obsesiva,
sólo espero que la suave brisa apure y saque por la ventana
los inoportunos recuerdos.

21

Pájaros migratorios
Supervivencia
Hombre murciélago de ojos linterna
te di el poder para amarme
y te convertiste en sucio mercenario de mis emociones;
ya te arroje a la hoguera y devoré tu carne.
Enhiesta
Sé, por derecho propio,
que existo y soy mi propia hélice
sin ti.

22

Lourdes Olmos Cunningham
Naufragio
Bebió su café con leche.
Al revolverlo
borró mis besos,
mis caricias.
Encendió un cigarrillo
sin hablarme
sin mirarme.
Dijo que se iba;
se levantó de la mesa
se puso su camisa de verano
y se marchó, sin decir adiós
sin mirarme
con la puesta del sol
sobre su espalda,
con su imagen reflejada
en mis pupilas.

23

24

SECRETO PARAÍSO

25

26

Lourdes Olmos Cunningham
Mi encuentro con el ángel
Cabizbaja y sin fortuna
provenía del polvo mundano de las horas extranjeras,
caminaba por caminar un tornado sin horizontes.
sin saberlo compasivo y nostálgico
caminaba a mi costado sin mirarme el también
muchas veces he sentido la brisa de sus alas
rozar mi entrepierna,
padecer mis pesares
mis malvadas distracciones;
mis más caros atavismos y yo sin saberlo
esa sombra protectora de todos los tiempos
recuperó mi corazón
y yo no lo sabía.
Era sin duda el hombre quien yo siempre amé
quien ahora camina de mi lado bajo las aristas del fuego.
El mismo a quien todavía no conozco
sentado cada tarde frente al río absorto en sus asuntos,
a quien yo tengo deseo y no, de hablarle.

27

Pájaros migratorios
II
marchitando a jirones en el otoño de tu conciencia
seré la voz misma de lo femenino
mi voz,
la tierra baldía que aprisiona la esperanza
y las lágrimas de aquellos
que no pueden comprender...
en absurda aventura me consumo
con la certeza de que todo se ahoga
exhalo con dificultad el ruido viscoso de mis penas
y eludo seguir describiendo el panorama.

28

Lourdes Olmos Cunningham
Tuna
He visto más biznagas y cactus
que bosques en mi vida
he olvidado la melancolía
de los otoños continuos
pero no la que habita en tu mirada
espíritu espoleado de espinas
donde todavía …permanezco.

29

Pájaros migratorios
Genealogías
Mi otra yo,
la que avanza detrás de mí,
es una sombra que se desliza
como gacela nocturna
y acecha de modo infatigable
mi cuerpo:
es una espina enclavada en mi piel.
Mi otra yo sonríe
mientras toma borbón,
me cuenta la historia que le cuentan mis zapatos.

30

PEQUEÑOS POEMAS ESCRITOS EN LA TARDE

31

32

Lourdes Olmos Cunningham
El día
Ha llegado sigiloso a mis adentros
ilumina mi esqueleto
su pálida resolana despierta mi entusiasmo;
cruje
la arboleda de mis pensamientos,
este día y otros
pasan desapercibidos,
miro absorta su pálida faz:
soy también una sombra transparente y luminosa
a punto de estallar imágenes.

33

Pájaros migratorios
Sin título III
Veo a Dios deslizarse por
las esquinas de los tejados
y extender el cálido manto del verano:
lánguida melodía en otoño.

34

Lourdes Olmos Cunningham
Disertaciones Light
Uno imagina que la vida
es sencillamente clara
y se embarca en esa aventura color rosa
para después darse cuenta,
muy lamentablemente,
que todo tiene un precio.

35

Pájaros migratorios
Caligrafías Azules
Con el horizonte del mar a mi disposición
he decidido escribir estas líneas;
la acción de escribir en sí
me conecta directamente
con fuerzas internas que desconozco.
La orden fue enviada:
los músculos mueven mis manos
este ejercicio me eleva
sobre cualquier especie animal
y me confabula con el misterio divino.

36

Lourdes Olmos Cunningham
Lo juro
Veo a Dios deslizarse por
las esquinas de los tejados
y extender el cálido manto del verano
lánguida melodía en otoño.

37

Pájaros migratorios
Fleur du lis
Si pudiera acallar la voz del corazón
la silenciosa elegancia de los pétalos,
efímera sustancia
perfume que retiene su aliento
y por disimular ignora
sostener entre sus manos
la fina y quebrada línea de sus tallos:
la placidez del descanso en que reposa
el esplendor
se desborda la voz con que intenta la mirada
capturar la belleza.

38

MUJER FUMANDO EN LA VENTANA

39

40

Lourdes Olmos Cunningham
Desde temprano
La mañana despertó gris y húmeda
cuando los framboyanes aún dormían.
Encendí el televisor perdida entre sombras;
recuerdos virtuales vagaron inoportunos
espectros dormitaban en las bancas de los parques
con el alma carcomida por el cieno
y la ternura derramada en los bosques.
Vagué torpemente la mañana
en las desérticas colinas de mis sábanas,
en el olor a café que despide mi aliento
en la abismal quietud cuando regreso
y la abismal quietud cuando no estoy.

41

Pájaros migratorios
Mujer fumando en la ventana
Ella fuma enmarcada por la ventana
y por el humo que acaricia con sus manos.
Contempla las cenizas de un amanecer,
las manchas de polución en sus dedos.
Ella observa atónita cómo el amanecer
ha perdido sus colores
y lanza un aullido perpendicular sin esperanza
desde el fondo de su piel
trenzada de emociones inocuas.
Ella siente que ha perdido también
aquella chispa de la infancia
y se ha embarcado en el largo y oscuro viaje
de encontrarse a sí misma.

42

Lourdes Olmos Cunningham
En reposo
Tranquila, me retraigo hacia mi universo simple
poblado de una que otra tormenta
y dos o tres recuerdos aislados
a la espera de ser removidos de la cimiente áspera.
Estoy a salvo en este páramo
soy un pez sobreviviente
hay un clima propicio
donde una sustancia híbrida
me transporta automáticamente a mis raíces primigenias.
Soy de mi, aquí me pertenezco,
vago inmersa en el océano de mi existencia.

43

Pájaros migratorios
A una estatua
Se adentran los enigmas en la vida con sigilo
como se adentran las horas
¿Quién sería yo en este instante?
una sola réplica tal vez
de Santa Teresita de Jesús
con la mirada atenta al vacío
o el poema sin metrica
perdido en las proximidades del azar
contener la palabra
le da vida a la piedra
universo ágil ahora inmóvil y al margen
tiempo presa del fantasmal bronce
me despierta del miedo que da miedo.

44

Lourdes Olmos Cunningham
Vuelo de palomas
Contemplo el imperceptible boceto de un vuelo,
amarillento y desteñido tapiz sobre la luna de mi espejo;
pudiera ser sólo un milagro óptico,
cuestiono la posibilidad de éste y otros fenómenos
que he observado en la brevedad de mi vida.
El escarbar con las uñas la tierrahasta salir a la superficie
me ha costado por lo menos diez años de mi existencia.
Ahora que transito en vía libre
observo a los jóvenes de veinte
tropezar con los mismos escalones.
Me agobian los años que habré de seguir escalando para salvarme;
las observo con el rabillo del ojo
y me siento en el patio trasero de la casa
a brindar por su salud.

45

Lourdes Olmos-Cunningham, nacida en
Monterrey, Nuevo León, México en 1967, es
una de esas voces que por su particular manera de expresar sus universos y constelaciones íntimas nos place presentar en este
número tercero de Papyroflexia, revista de
literatura y artes, correspondiente a 1 de febrero, 2013.
La poesía de Olmos-Cunningham es una de
esas agradables sorpresas que nos obsequia
la interacción en las redes sociales, donde las
fronteras y distancias desaparecen vencidas
por las velocidades cuasi cuánticas conque
nos apabulla el desarrollo tecnológico y digital. Con alegría pues, damos a nuestr@s lectores este puñado de luz agradeciendo de antemano que sea compartido en cada círculo
así como la poeta, desinteresadamente, nos
ha permitido hacérselos llegar.
L@s editores

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