asambleas y reuniones.pdf

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Los contextos que condicionan la organziación asamblearia
1. De una parte están los conflictos internos de la organización. Cuando
existen conflictos enquistados (arrastrados en el tiempo y que nunca
acaban de resolverse) o conflictos recientes que aún no fueron resueltos,
hay que ocuparse de mitigar su interferencia sobre la marcha de la
asamblea. Como ya expusimos, las reuniones pueden ser consideradas
por las personas afectadas de un conflicto como el lugar más propicio
para manifestar su posición o su recelo (venga o no a cuento en relación
al orden del día), sea porque es la única vía de comunicación que son
capaces de ver, sea porque utilicen el bloqueo de la reunión como
medida de fuerza. Para poder reorientar el conflicto por un cauce más
apropiado que la reunión (suponiendo que están abordándose otros
problemas que nada tienen que ver con el conflicto en cuestión), es
preciso tener abierto ese cauce: una reunión específica, una conversación
organizada con mediadores o arbitraje, la búsqueda de una solución
negociada o buena para las dos partes, en espacios «intermedios» poco
«marcados» (comidas, pasillos, jardines...), etc.
2. También las presiones o conflictos de la organización con otras entidades
externas pueden mediar mucho en las reuniones y asambleas. El caso más
frecuente es cuando se está en una relación dependiente (por ejemplo,
como cuando para continuar con nuestro trabajo precisamos de la
concesión de un crédito, o de la aprobación de un permiso administrativo)
o, por poner otra situación común, con fuerte presión temporal para acabar
un trabajo. Muchas veces las organizaciones también tienen que tomar
decisiones para las cuales no cuentan con toda la información necesaria (si
el banco va a conceder el crédito o no, si tenemos confirmación de la
aprobación de un convenio con la Administración, etc.). Estas
incertidumbres y la presión del tiempo (no poder esperar para tomar la
decisión) se traducen en dificultades en la búsqueda de soluciones
sopesadas y argumentadas, y en la toma de decisiones colectiva, además de
reducir las capacidades de preparación de la reunión con los requisitos de
convocatoria e información suficientes.
3. Por último, las características del colectivo social son un elemento
externo a la reunión y que va a condicionar su dinámica. Por una parte
puede incorporar una dificultad el hecho de que no haya entendimiento en
un colectivo no homogéneo (con normas sociales o códigos comunicativos
diferentes). También condicionará la elección de las técnicas de
participación el hecho de que se trate de un colectivo formado, por ejemplo,
por personas de profesiones en las que hay un trabajo de «puesta en
escena» y exposición hablada (como los maestros), o de un colectivo poco
acostumbrado a hablar en público. Si en una reunión del claustro de un
colegio la tónica general es hablar demasiado (monopolios de la palabra,
exposiciones muy largas, irse del tema, interrumpir y no respetar el turno
de palabras), en una reunión de una cooperativa de la confección (formada
por personas con estudios primarios y sin otras experiencias de
participación social, militancia sindical, etc.) la tónica puede ser pasar a la
votación casi sin hablar nada (escuchar y votar). Las técnicas que
empleemos en uno y otro lugar van a ser, en este caso, muy diferentes,
incluso de sentido contrario: en el primer caso hacen falta técnicas para
frenar y ordenar la participación y en el segundo técnicas para propiciarla.
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Evitar que los
conflictos de la
organización
perturben
sistemáticamente
las asambleas.
El ritmo de trabajo
en las reuniones
está, en ocasiones,
marcado desde
fuera.
Características de
cada colectivo
