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parece tan progresista, en realidad resulta
contrario al interés popular.
Tal vez el ejemplo más contundente de que a
la escuela no le corresponde adoctrinar
aunque lo quisiese no tiene poder para ello
estriba en un cambio significativo que está
ocurriendo en el Este europeo. En varios
países fue abolida la enseñanza obligatoria del
marxismo-leninismo. O sea, generaciones y
generaciones fueron sometidas al bombardeo
ideológico, lo que no les impidió estar hoy en
las calles cuestionando la doctrina que les fue
inculcada.
Más
aún,
la
reconocida
competencia de muchos de los sistemas
educacionales socialistas, en la enseñanza de
las
lenguas,
ciencias
y
matemáticas,
probablemente
está
contribuyendo
sustancialmente para la crítica a que vienen
siendo sometidos esos regímenes.
¿POR QUÉ EL CONOCIMIENTO ESCOLAR
DEBE SER UNIVERSAL?
El
gobierno
federal
recién
electo
ha
mencionado, entre las posibles medidas en
educación, resucitar la llamada regionalización
del curriculum, que en la práctica significa
enseñar cultura local al pobre, en nombre del
respeto a las clases populares. Los ricos,
evidentemente, continuarán teniendo acceso,
como siempre tuvieron, al conocimiento
universal.
Nadie niega que la cultura popular debe ser
respetada.
Desde
el
punto
de
vista
pedagógico, ello puede ser el punto de partida
del largo camino que lleva al conocimiento
universal, mas en ninguna hipótesis la escuela
debe limitarse a ello.
El autoritarismo de izquierda ya quiso hacer
del "universo vocabular" del alumno la
referencia
de
todo
el
proceso
de
alfabetización, un niño o adulto sólo serían
alfabetizados con las palabras del lenguaje
local. ¿Quién no se acuerda del famoso tijolo
transformado en "tu já le"? Educadores y
lingüistas hicieron una crítica definitiva a esa
concepción, afirmando que es un absurdo, en
un país de dimensiones continentales,
restringir la alfabetización al habla local,
porque nuestra lengua tiene por lo menos
1500 vocablos, que son conocidos de Oiapoc
al Chiú. El papel de la lengua en una nación es
unificar, universalizar, no dividir.
El autoritarismo de derecha, instaurado en los
años 60, se apropió muy bien de ese discurso
supuestamente respetuoso de la cultura

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popular y desplegó ríos de dinero en el
nordeste para elaborar cartillas regionales. Se
llegó al colmo, en algunos Estados, de
producir cartillas conteniendo palabras que
eran
desconocidas
en
sus
respectivas
capitales.
La teoría educacional derivada de la Teología
de la Liberación reforzó mucho ese equívoco.
La opción preferencial por los pobres acabó
llevando a una mitificación y romantización
del saber popular, al punto de proponer que el
conocimiento escolar, tildado como burgués e
instrumento de dominación, fuese sustituido
por la verdadera sabiduría: aquélla que
emana espontáneamente de las condiciones
de vida de las clases populares.
No le corresponde a la escuela mantener al
hombre en su propio barco y sin abrirle
nuevas perspectivas, descubrir lo desconocido
y desafiar al alumno a salir de su cultura en
busca de nuevas visiones del mundo, más
amplias y abarcadoras, de las cuales su vida y
cultura local serán una parte.
Un niño, joven o adulto, sobre todo de las
clases populares, va a la escuela para
aprender lo que no sabe. El hijo de labrador
aprende en casa a plantar, el de pescador a
pescar, pero es en la escuela, por la
adquisición de conocimientos universales
sobre la naturaleza, que la agricultura y la
pesca tendrán un sentido más amplio para
ellos. Es por la enseñanza de la historia y la
geografía que el contenido económico de esas
actividades será develado.
En el contexto urbano eso es más que
verdadero. Sólo el conocimiento organizado y
universal da instrumentos para integrar la
cantidad de información a la que están
expuestas las personas que viven en la
ciudad, por más marginadas que sean.
Hay un rasgo autoritario utilitarista que
cuestiona el conocimiento universal afirmando
que se debe enseñar en la escuela apenas lo
que es útil para la vida. ¿De qué sirve, se
pregunta en este caso, enseñar gramática o
ecuaciones a quien sólo va a necesitar
nombrar y resolver dos de las cuatro
operaciones? ¿de qué le sirve saber cuál es la
capital de Noruega a quien nunca va a salir de
Itaquera?
La respuesta a esa pregunta es que a la
educación escolar no le interesa el destino
social de cada uno, y sí que todos,
democráticamente, tengan acceso a la