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Entonces, es posible negar a los perros el pensamiento, es
cuanto reflexión estructurada, y reservarlo al ser humano,
mientras que no se les puede negar la percepción de su propia existencia y de su medio, que en nosotros adquiere la
forma de pensamiento, y en otro llamamos “instinto de supervivencia” o rótulos por el estilo, pero que reconocen una
noción de la propia existencia. Lo que no quiere decir, repetimos, que sean análogas a las conductas sociales de nuestros
tiempos; un animal no sufre o disfruta como nosotros, así
como, salvando las diferencias, nosotros tampoco sufrimos o
nos divertimos como un humano de hace 2000 años.
Sin embargo hay demasiadas cosas que “racionalmente” no
podemos llegar a comprender en profundidad. Si hasta los
electrones que gravitan en torno del núcleo atómico, se colocan cada uno a cierto nivel de energía, de acuerdo al "Principio de exclusión de Pauli". No podemos adosarle al electrón
nuestras características: memoria, trabajo o comunicación
con los otros electrones para ocupar su lugar, pero de alguna
manera cada uno lo “sabe”.
Tampoco podríamos adosarle al óvulo y a los espermatozoides nuestras características culturales humanas, y sin embargo se lo hace, afirmando que el óvulo es una femineidad
sumisa que espera a ser penetrada por el triunfador de una
guerra de espermatozoides individuales que luchan unos
contra otros. Pero esos espermatozoides también podrían ser
tomados en cuenta como parte de un organismo que colabora conjuntamente (ya que un espermatozoide solo no podría
llegar a ningún lado), siendo a la vez parte de un organismo
mayor que incluye al óvulo como elemento activo. En lo
que podemos estar de acuerdo es que para nuestro entendimiento actual ni el óvulo ni los espermatozoides, ni todo lo
que les rodea inmediatamente tiene conciencia, o siquiera
instinto de supervivencia, por más que podamos medirlo,
registrarlo o cuantificarlo… Sin embargo por ese desconocido motivo estamos aquí
Otras mutilaciones en apariencia menos
“espirituales” son defendidas al interior
de las religiones, con especial ensañamiento en los órganos genitales: castrar
para impedir la reproducción de la especie y reducir drásticamente la producción de las hormonas generadas en
dichos órganos, como la testosterona o
los estrógenos, lo cual afecta a la totalidad de nuestra persona, descartando la
noción dominante de sexualidad como
trabajo reducido a los órganos genitales
que los mismos mutiladores divulgan.
La infibulación, mutilación del clítoris
o el sellado de los labios vulvares en la
mujer, y la circuncisión, corte del prepucio en el hombre, también vienen a
debilitar la sexualidad con el fin de reducirla al mínimo. Los judíos consideran esta mutilación como una prueba de
pertenencia a su secta.
En la carne o en lo abstracto lo fundamental es entonces
mutilar, separar, dividir, evitar la totalidad, evitar las relaciones humanas a todos los niveles.
No proponemos entonces sumar, o simplemente generalizar,
sino intentar comprender la generalidad, aunque parcial o
puntual, cada cuestión es un aspecto inseparable de lo total.
L A S A RM A S
DE L A CR Í TIC A
Y L A CR Í TIC A
DE L A S A RM A S
Imágenes de milicianos anarquistas realizando una crítica
práctica de la religión, profanando iglesias en la experiencia
revolucionaria de la región española, 1936.
“Cuando los anarquistas mataban curas y quemaban
iglesias y conventos sabían bien lo que hacían. No era
algo irracional.
Atacaban no sólo una parte importante del emporio
financiero del régimen monárquico, con poderosos
intereses económicos, que poseía además el monopolio
de la educación, sino que se enfrentaban al aparato
ideológico esencial del Estado monárquico.
La Iglesia Católica no sólo fue cómplice del golpe de
estado fascista del 19 de julio de 1936, fue su motor
impulsor, su causa primera, su base económica, su
justificación y su bendición.”
Agustín Guillamón
