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que “todo parece estar contra el individuo”. Lo que
ignora esta forma de análisis es que entonces,
finalmente toda forma social se encuentra contra el
individuo (¡que es necesariamente un ser social!), e
ignoran la posibilidad de una comunidad humana
donde pueda realizarse la múltiple satisfacción de:
las particulares necesidades y deseos, junto a las
particulares necesidades y deseos de los demás,
junto también con nuestras necesidades como ser
colectivo.
Este discurso que pretende levantar la figura del único
ni siquiera se cuestiona que esa entidad individual
que se pretende salvaguardar es el producto
histórico de la misma sociedad que supone
rechazar. El individualismo, cuando se predica como un
conjuro que libera de los desastres de ésta sociedad,
no hace más que replicar la miseria egoísta de la
sociedad actual.
El Capital produce y reproduce ese individuo, que es
necesariamente democrático, pues posee sus derechos
y libertades individuales, y que además debe vender su
particular fuerza de trabajo, por lo cual se presenta
como competencia del otro individuo.
“DEMOCRACIA OBRERA”
El “gobierno del pueblo obrero” o la organización social
por parte de los obreros (en su versión mas libertaria)
no hace más que intentar mantener todas las
mediaciones propias al Capital (entre política y
economía, entre teoría y práctica, entre decisión y
acción, entre poder legislativo y poder ejecutivo, entre
individuo y sociedad...) sustituyendo el culto del
parlamento, de las libertades de los individuos
atomizados, por el de los "soviets (o consejos)
democráticos" o los "sindicatos libres” y, por sobre todo,
el culto al obrero. Un cambio de formas
administrativas, que desde el punto de vista del
contenido es exactamente lo mismo. Meter los
obreros al parlamento o crear asambleas, y agregar el
adjetivo de “obrero”, no cambia nuestras condiciones.
De hecho, es más que obvio que sigue habiendo
obreros, y hasta pretenden, sin comprender la realidad,
una sociedad capitalista (aunque les disguste llamarla
así) donde no haya pobres, ni injusticias… No negamos
de antemano el proceso de autoorganización proletaria,
de control autónomo de lugares de trabajo, de estudios
o habitación, pero su sentido revolucionario emerge
justamente de su carácter autónomo y anárquico.
Autonomía que no significa solamente la
independencia de las estructuras formales
burguesas, sino también de su ideología y su
reproducción.
“DEMOCRACIA DIRECTA”
Si bien esta “alternativa” parece establecer un cambio
más profundo en las formas, que sin duda repercutiría
en el contenido social real, lo esencial continua
existiendo y vendría ni más ni menos que a reemplazar
la democracia sin adjetivos.
A favor de la “democracia directa”, suele argumentarse:
la prioridad de la voluntad colectiva ante la de un
individuo o un pequeño grupo, que la totalidad de las
decisiones pasen por la asamblea, mayor posibilidad de
expresión por parte de las minorías, que de haber
delegados estos serían revocables, y por sobre todo el
respeto y cumplimiento de las decisiones tomadas, sin
corrupción y sin burocracia.
Lo que se olvida a menudo, es que poco importa la
forma en que se manifiesta la ideología dominante
(contenido) cuando ésta de todos modos se manifiesta
(formas). Se olvida que las condiciones materiales van
a manifestarse de manera vertical u horizontal, pero
que van a emerger de todos modos. No se trata de
cómo administrar este mundo, sino de negarlo y
superarlo.
Desde la reproducción del racismo a la imperceptible
apología al trabajo asalariado, pueden ser traficadas
tranquilamente mediante la horizontalidad de una
asamblea, en tanto que momento de la democracia
directa, mas allá de sus delegados revocables, la
rapidez con la que se los pueda revocar, o hasta con la
tendencia a abolir los delegados.
En el fetichismo de las formas, ciertos grupos
horizontales y horizontalistas, se deslumbran ante un
grupo de personas que decidieron organizarse
asambleariamente de manera espontánea para resolver
sus problemas ¡Claro que esto es importante! Pero no
es indispensable, ni garantiza que dicha propuesta vaya
a buen puerto por el mero hecho de su apariencia
horizontal. En ciertos barrios periféricos de la región
argentina, vecinos se auto-organizan para pedir mas
policías y ni la horizontalidad ni la reflexión colectiva
han garantizado que lleguen siquiera a acercarse a la
conclusión de que el robo entre proletarios es inherente
al sistema capitalista y la propiedad privada ¡Ni siquiera
a vislumbrar la paternidad de la policía en los crímenes
y delitos cotidianos!
Se sobrevaloran las formas, y se desprecia el
contenido. En ciertas ocasiones, la acción
revolucionaria (es decir el contenido) se manifiesta de
manera asamblearia, otras de manera clandestina,
otras de manera minoritaria, sin consultar, y luego es
asumida por la mayoría.
La revolución no es solamente un problema de formas
de organizarse, es conjuntamente un problema de
contenido, de movimiento real incesante. Como el
capitalismo tampoco se trata de un simple problema de
gestión, sino que es el resultado de un conjunto de
relaciones de producción y reproducción de la sociedad.
Subrayamos esto para no depositar luego esperanzas
ciegas en buscar formas de gestión (partidos,
sindicatos, consejos, cooperativas) y no temer a
marcar, en medio de una lucha, los límites a superar.
Tal como afirmábamos en nuestro número anterior: la
democracia es la garantía de la economía en tanto
que intercambio entre unidades de producción
independientes, es decir: la fuente del trabajo privado
opuesto al social y por lo tanto de la reorganización
mercantil. Un círculo vicioso: si hay trabajo privado,
intercambio y valor, volverá a aparecer aquello que los
demócratas bien intencionados suponen rechazar: la
economía capitalista.
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