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gobierno, bandera, conjunto de fronteras ¡aún menos
una expresión cultural ancestral o un territorio! Es una
organización “óptima” en relación a las necesidades de
la clase dominante, del poder político de acuerdo a la
organización de la producción de la economía, es quien
garantiza esa producción y reproducción de la sociedad
mercantil generalizada.
Un Estado no equipara su nivel de desarrollo y poder
frente a los otros Estados en una balanza económica,
que de ser favorable sería más beneficioso para los
habitantes de ese Estado, sino que lo hace en relación
a su peso económico en la totalidad de la economía
mundial, lo cual excede a nivel de análisis al hecho
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puntual de un superávit en la balanza comercial . Este
es el sistema de relaciones que lleva a que se equipare
tan bien el control monetario de la economía con su
control político: es el interés común de una clase.
El rol del Estado aquí, entonces, no se destaca tanto
por el beneficio “social” que pueda generar a su
“pueblo” sino en su capacidad de impulsar el beneficio
de la burguesía -nativa o extranjera-. Y es ese el
sistema de relaciones que nos ha impulsado y nos
impulsa a su destrucción: el interés común de nuestra
clase despreciada por éste sistema de vida, y cuyo
desprecio debemos considerar como la fuerza que
contiene la posibilidad de producir una forma de vida
diferente, que reconcilie al ser humano y la totalidad del
mundo que habita.
Previamente a rechazar al Estado, rechazamos todo un
sistema de organización de lo social que lleva como
conclusión al Estado, su abolición es inseparable de la
abolición del sistema de trabajo asalariado. Por ello, la
lucha contra el Estado no es una lucha política de
aparato contra aparato: partidos políticos o grupos que
aspiran al poder estatal de manera extraparlamentaria
mediante, por ejemplo, la estrategia de la vía armada.
Tampoco es una simple lucha contra las fuerzas del
orden confundiendo la parte con el todo: algún sector
del proletariado contra la policía o el ejército. Es una
lucha social, total y totalizadora.
Si esto lo señalamos es debido a la incomprensión de
la organización social vigente, que suele ser
confusamente separada como política por una parte, y
económica por la otra. Este error de análisis -cuando
ya no incrustado en el pensamiento como ideología

que anula cualquier análisis al aceptar dogmas
instituidos- se convierte en un gran obstáculo a la hora
de cambiar esa realidad incomprendida. Así, se
escogen formas de lucha que no pueden acabar con
una cosa ni con la otra, y que de hecho, como una
trampa, tienden a perpetuar ambas, es decir: las
luchas politicistas (partidos, foco, grupúsculos) y las
luchas
economicistas
(sindicatos,
reformas,
autogestión).
Esta artimaña de separar lo político de lo
económico funciona para luego señalar que hay
luchas políticas y otras luchas económicas, y que
en las políticas se actúa bajo ciertos principios (los
que suele dictar la ideología escogida) y en la
económica “vale todo”, supuestamente justificado
por las “necesidades” y las urgencias.
Pero… ¿Cómo puede separarse lo político de lo
económico? ¿En qué momento es una cosa y no la
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otra? Basta aislar un elemento para comprobar que
en él se encuentra la influencia de la totalidad, que lo
social es a la vez económico y político. Que
efectivamente sin la coerción económica no habría
venta directa o indirecta de fuerza de trabajo al
burgués, pero esto tampoco existiría si esa venta no
estuviese garantizada por el Estado.
Por lo tanto, aquellos tramposos llamados a “ser
realistas”, a ser “más flexibles” o a “no debatir a la hora
de luchar”, no son más que llamados a articular el
oportunismo, a subirnos al carro del cortejo fúnebre
que son la democracia y la dictadura mercantil. Los
llamados a no reflexionar, como ya hemos señalado
anteriormente (Cuadernos de Negación nro.2, pág.5)
suelen ser llamados del tipo “acóplense a la lucha
como la queremos nosotros o manténganse al
margen”, en la “fútil discusión perpetua de las cuevas
de los intelectuales”, como si esas fueran las únicas
dos posibilidades de un mundo estático en el cual las
polarizaciones ya están tan definidas que “no hace
falta teorizar más, sino actuar ya y ahora”.
De lo que se trata, entonces, no es de renunciar a
nuestras posiciones por culpa de la imposibilidad
inmediata de su realización, o “abandonar la realidad”
porque esta no se ajusta a nuestros principios. De lo
que se trata es de centralizar fuerzas, para
justamente articular una lucha total para abolir la
sociedad de clases. Ese es nuestro desafío.
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Claro ejemplo de esto fue lo que sucedió en la década de
los 70’, cuando EE.UU. tuvo un déficit comercial por primera
vez en el siglo XX, dados sus abrumadores gastos para
financiar la Guerra de Vietnam. Esta circunstancia no impidió
de todas formas que la superpotencia siga haciendo valer su
poderío económico-militar, interviniendo directamente o
apoyando a una de las partes (financiando la oposición a
gobiernos de “tendencia anti-imperialista” o “alineados con la
esfera soviética”, ahogando a esos países con sanciones en
los organismos multilaterales de crédito, secuestrando y
asesinando líderes opositores por medio de tareas
encubiertas de Inteligencia, apoyando dictadores en los
países donde se habían formado fuertes movimientos de
resistencia) en los asuntos y conflictos de diversas regiones,
principalmente del Tercer Mundo, durante todo el decenio,
aún luego de la derrota en Vietnam (Operación Cóndor en
América del Sur, el Conflicto Centroamericano, Guerra de
Yom Kipur en Medio Oriente, etc.)

En todas partes del mundo donde los pobres sin
cualidades se rebelan contra su condición y la toman
concretamente con la miseria, el reformismo debe
hacer de ésta una fatalidad y de la agravación de la
opresión social un problema político. Su finalidad es
imponer el Estado como la respuesta a esta fatalidad;
dicho de otro modo, que las aspiraciones sociales de
los pobres vayan a buscar su realización en el Estado.
¡Fuera del Estado, no hay salvación!
(Os Cangaceiros, ¿Cómo se puede pensar libremente a la
sombra de una universidad?")
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Es importante notar que estas dos ideologías son en
realidad aspectos del mismo proyecto, y llegaran siempre a
conclusiones similares.
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