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Advertencia sobre las citas:
Como en todos los casos en que publicamos citas, textos, panfletos o fragmentos de otros grupos o
personas, dicha inclusión no implica en absoluto una reivindicación acrítica de los mismos, sin importar
a quién pertenecieron esas palabras, los militantes que las escribieron o las organizaciones de las que
formaron parte. Constituiría una fantasía el pretender que un individuo, en un momento dado, haya
podido afirmar todo el proyecto de la revolución, y que en plena sociedad capitalista no podamos estar
influenciados, al menos mínimamente, por la ideología burguesa.
Así tampoco se intenta dar un respaldo de autoridad a las citas publicando quién las ha firmado.
Las gráficas utilizadas al interior de este número fueron realizadas por: Gerd Arntz (1900-1988)

PRESENTACIÓN a este cuarto cuaderno
Este conjunto de textos precisan una serie de puntos
que consideramos fundamentales respecto al Estado
como estructura jerárquica organizadora de la vida: sus
aspectos como guardián y defensor de la clase
capitalista -de la cual emerge- contra el proletariado
como clase, e incluso como limitante del burgués
individual que intenta sobrepasarse. Intentaremos
también analizar su raíz histórica y social, así como la
necesidad de su negación. En el nro. 5 de esta
publicación -el próximo- ahondaremos mas en la
democracia y sus derechos y libertades. Por lo pronto
aquí
estamos,
centralizando
algunas reflexiones,
incitando
al
pensamiento
en
acción e invitando a
desarrollar aún más
sobre este tema,
para abandonar la
pasividad y las
mitificaciones
de
nuestra realidad.
Lo
que
consideramos
fundamental
a
saber es que el
Estado,
ese
aborto
monstruoso de la
sociedad, no es
un enemigo por
razones de gusto,
afinidad moral o
antipatía ideológica. Lo es en tanto estructura de
poder
fundamental
que
garantiza
nuestro
sometimiento al trabajo asalariado, que permite y
defiende la destrucción de la naturaleza en pos de
1
la producción económica y garantiza la guerra
1

Pero cuando le conviene también defiende su
conservación, aunque nunca sea como fin en sí mismo. Por
ejemplo, para la creación de nuevos nichos de mercado, o
incluso como imposición de un Estado hacia otros, en forma
de requisito por parte de los organismos de crédito
internacionales, de llevar adelante políticas públicas
“ambientalistas” como condición a la hora de otorgar fondos.
Esto, si bien es un proceso complejo, se da generalmente
desde los países “desarrollados” para con los
“subdesarrollados”, a veces como imposición que busca
erosionar la autoridad de esos Estados como soberanos de

como método de reorganización económica y de
control social. Lo es también, en tanto estructura
que se contrapone a la plena realización de la vida y
la autonomía de la comunidad humana: su mera
existencia limita la posibilidad de explorar y
desarrollar otros modos de relacionarse. Lo es,
porque es justamente el resultado del antagonismo
de clases existentes.
Desde sus orígenes el Estado capitalista mundial se
cristaliza en estados nacionales, pero no ha surgido en
uno o varios países y desde allí se ha ido extendiendo.
El capital surge del
mercado mundial,
va desarrollándose y
subsumiendo todas
las
formas
de
producción
anteriores.
En

su
continuo
diferenciamiento
ideológico (ya sea por
orden
cósmico
o
divino,
familiarsanguíneo,
de
propiedad, religioso,
etc.) los Estados han
encontrado
en
el
dominio de la clase
dominante diferente
expresión
formal
definiendo
su
proceder; pero no su
sentido.
El Estado no es un
enemigo al que se pueda ignorar, al que
simplemente baste con oponerse o que ilusamente
haya que tomar bajo control: es una forma de
organización de la clase dominante que hay que
destruir, se organice en la apariencia de la
democracia o la dictadura; represente los intereses
de la burocracia de un partido político, grupo
religioso u otra fuerza ideológica burguesa. El
Estado moderno no es sólo un presidente, casa de

sus recursos naturales (en los cuales, no hay por qué
negarlo, siempre hay intereses rapaces trasnacionales dando
vueltas) y también como forma de limitar su desarrollo y por
ende la capacidad de cuestionar la hegemonía de las
potencias; es decir, que se enmarca en una disputa
burguesa ‘interbloques’ en el campo internacional.
2