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El patriotismo, sea del color que sea, siempre será un
as bajo la manga de la burguesía para dividir a una
clase que es mundial.
Si bien hoy el desarrollo del capitalismo mundial tiende
a eliminar la existencia de luchas de "liberación
nacional", o por la "auto-determinación de los pueblos",
estas aún persisten, agregando por ejemplo la variante
de la liberación de conjuntos o bloques de países. Sin
embargo, su programa es invariable: reemplazar una
dominación por otra, ocultar el antagonismo de clase
presente a escala global, y la producción capitalista.
Estas afirmaciones programáticas que expresamos no
son dogma o tradicionalismo, parten de la comprensión
de que nuestra clase, es una clase mundial, y sólo
mundialmente pude auto-suprimirse. Ya no se trata de
solidarizarse con el proletario de otro país que
pensamos en peores condiciones que las nuestras, se
trata de asumir que su lucha es la nuestra, luchando en
“nuestro” país, contra “nuestro” Estado, contra “nuestra”
burguesía.
CONTRA LA POLÍTICA, O MÁS ALLÁ DE ELLA
Ser anti-políticos no representa pasar por al lado de las
cuestiones denominadas políticas, o no tomarlas en
cuenta, sino actuar comprendiéndolas como partes de
un cuerpo vivo del cual formamos parte. Del mismo
modo en que nuestras acciones definen alguna
reacción en éste cuerpo social, la definición del orden
que rige a éste cuerpo nos afecta profundamente.
Puede ser que a un nivel amplio y teórico no nos
interese cual sea la definición política del gobierno de
turno, o simplemente nos conformemos con la
repetición de frases de apariencia rebeldes (“todo
Estado es terrorista”) o el discurso de las minorías
parlamentarias (“por un gobierno como la gente” o
“basta de corrupción en el gobierno”). Pero esta
negación de lo político, no nos puede conducir a
una negación de una realidad donde las decisiones
tomadas a nivel de estructuras de poder, afectan y
determinan nuestro ser social.
No bastan los eslóganes vacíos y los discursos que se
conforman con enaltecer una ideología. Lo que nos
interesa de los procesos sociales existentes, es que
somos parte de ellos, siendo nuestro objetivo anularlos
antes de que estos anulen nuestra humanidad y nuestro
ser colectivo en pos de mantener la economía. Algunos
creen que es posible conseguir la "libertad política" sin
conseguir la "libertad económica", pero ambas
conquistas por sí solas son inútiles y vacías, pues estas
“supuestas” esferas son parte indisociable del cuerpo
social. Sólo el análisis -no inocente- de políticos,
economistas y “expertos” es capaz de producir esta
disociación, esta separación que anula en el discurso
nuestra pertinencia en dichos temas: nosotros somos
los hombres y mujeres que vivimos y damos sentido al
orden político existente o cualquiera que pueda existir,
nosotros somos los hombres y mujeres que ponemos
en movimiento y generamos la economía. Sin embargo
nos hemos convencido de que “política”, “economía” y
prácticamente todo en esta sociedad son ciencias
ocultas, sólo posibles en su real comprensión para
pseudo-expertos. Para nosotros queda el espectáculo
de la opinión, sabemos opinar de todo sin restricción -el
material nos lo otorga, fácilmente deglutido en
forma de polarizaciones ordinarias, el periódico o
noticiero de cada día- mientras nos abstengamos en
tomar decisiones claves en nuestra vida y en el orden
social.
Preocuparnos entonces de la política dentro de la
misma dimensión política que se nos presenta
como esfera abordable (es decir, opinar sobre los
valores morales de tal candidato, preferir las gaseosas
producidas en países tercermundistas sobre las
gaseosas producidas en países del hemisferio norte,
etc) es parte de la pirotecnia del espectáculo
político: un absurdo del cual no nos interesa ser
parte, pero que debemos considerar como
expresión de la realidad. En este mismo sentido
hemos de enfocar la siguiente pregunta: ¿es entonces
una contradicción imposible de realizar la conformación
de un partido político conformado por proletarios, o una
lucha política llevada adelante por estos? No, no es
imposible, simplemente es absurdo. Es mantenerse en
el terreno de lo estrechamente político para no
comprender la realidad tal como es, haciéndose
imposible entonces atacarla.
“Lo político” existe sólo en cuanto que separado del
resto de la realidad social, de no estar separado ya
no es política, es su misma separación lo que la
define como tal. Lo que no se soluciona en la mera
suma de estos aspectos o parcialidades, dejando de
lado la interrelación y la comprensión de que el todo es
más que la suma de las partes.
Estamos contra la política, pero no para
interesarnos por algo más pequeño que ella o por
otra cosa, sino por algo más completo, abarcador,
total: denunciándola como un engañoso árbol que
pretende ocultar el frondoso bosque del cual forma
parte.
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