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como esferas de capital enfrentadas -pues la
competencia es su motor-, y por ello, el Estado del
capital es mundial pero se afirma en tanto que
Estados nacionales.
En el transitar de la historia del ser humano, éste va
creando y desarrollando las estructuras y su
representación del mundo material como inmaterial,
tanto de su economía (entendida como organización
material de su supervivencia) como de sus deseos y
pasiones que impulsan sus ganas de vivir a partir de lo
existente (destruyéndolo, adaptándolo, creándolo). Esto
es un movimiento constante, diacrónico, sin cortes y nolineal.
Luego de que el hombre atravesara el gran vuelco en la
historia que significó la disolución de la comunidad
primitiva -cuando en algunas comunidades se comienza
a producir para el intercambio en lugar de hacerlo para
las necesidades- se produce otro gran cambio histórico
que muestra a ciencia cierta lo que puede ser una
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“revolución” , en este caso burguesa, a partir de la
destrucción de la idea de sometimiento al orden
jerárquico de la propiedad de la tierra por decreto divino
y hereditario, que significaban la monarquía y el
feudalismo. La burguesía, al ser conciente de ser la
propietaria de los recursos económicos que daban
movimiento al mundo, se hizo paulatinamente del poder
político, se hizo cargo de la organización de la sociedad
enfrentando directamente el poder monárquico con el
peso de la guillotina.
El espíritu del progreso que conduce la “revolución”
burguesa, su identificación social de clase privilegiada,
en definitiva, toda la valoración positivista del mundo
moderno basado en el capitalismo; es lo que hace a
este proceso un proyecto truncado de liberación de la
humanidad. El proletariado, al no tener ninguna
imposición histórica que afirmar -más que la liberación
de la humanidad- contiene la necesidad vital de la
emancipación de toda la humanidad.
Como conjunto de personas con diferentes ambiciones
y deseos, la burguesía no responde a una voz única,
define sus movimientos en base al desarrollo histórico
del conjunto de sus intereses de clase y de los
procesos de la economía (que es en definitiva lo que
garantiza su existencia). Por lo tanto podría desarrollar
una economía más “ecológica” si es necesario,
potenciar el rol del Estado en la administración de la
economía nacional, ordenar bajo una estructura militar
el funcionamiento de la sociedad o hasta
desobstaculizar liberalmente la economía del fuerte
control de los Estados, si el desarrollo capitalista así se
lo exigiese.
Por tanto, cualquier representación política inmersa
en éste orden social, si bien no responde
directamente al sector de la burguesía que ocupa el
poder, sí representa los intereses de la burguesía
en tanto que clase mundial.
¿ANTI-IMPERIALISMO?
¡INTERNACIONALISMO!
La continuidad y el desarrollo de la lucha contra los
explotadores, nos conduce a coincidir con nuestros
hermanos de clase en todo el planeta, en una sola
comunidad de lucha contra el capital mundial, ¡aquel
que ya ha abolido las fronteras para sí mismo en pos de
circular libremente y que no tiene patria!
El imperialismo, no es un fenómeno particular de tal o
cual potencia, de tal o cual Estado, sino que es un
fenómeno inherente e invariante del capital mismo:
cada átomo de valor valorizándose contiene todos los
presupuestos del terrorismo imperialista. "Los
Estados poderosos sólo pueden sostenerse por el
crimen. Los Estados pequeños sólo son virtuosos
porque son débiles" expresaba ya hace siglos
Bakunin.
El grupo político que ahora nos gobierna, o los
capitalistas que actualmente nos explotan, podrían ser
otros, de otro país, de otra religión, ideología política o
hasta de otras familias. No es sólo su poder particular
lo que permite su dominación, sino las condiciones
globales de explotación y opresión.
La lucha anti-imperialista, es la renuncia a la lucha
contra el capitalismo y sus Estados en tanto que
relación social. El anti-imperialismo apunta hacia un
país, justificando así el capitalismo y el estatismo
de los países menos desarrollados.
El
trabajo
asalariado
siempre
es
explotación. Las condiciones de trabajo
son, por supuesto, mucho mejores para un
obrero de un restaurante sueco que para,
por ejemplo, un niño que trabaja en una
fábrica de zapatos en China. El problema
es que sólo hay un mundo, donde las
condiciones y la explotación de los
obreros en Suecia y en China están
conectadas entre sí. Si uno se toma en
serio el cambiar al mundo, hay que
atacar la base misma de la que depende
el capital: el trabajo asalariado.
(Kämpa Tillsammans!,
“Hamburguesas vs. valor”)
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La capacidad de un conjunto social que se reconoce
hermanado por intereses comunes, e impone sus
condiciones al mundo generando un nuevo orden por sobre
el viejo, ya muerto, es lo que consideramos para realizar tal
afirmación.
El proletariado no tiene -y nunca tuvo- patria. Por ello,
el internacionalismo no es la suma de los
nacionalismos particulares, ni la suma de los
procesos de "auto-determinación de los pueblos".
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