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En la gestión del capital a manos de la clase trabajadora, se continúa sin poseer autonomía con respecto a las leyes
de la producción capitalista. Esto reforma el capitalismo poniendo a los mismos trabajadores a preocuparse del
comercio, olvidando que lo que necesitan es en realidad la destrucción de ese comercio por más “solidario” o “justo”
que lo consideren. Por ello lo de "obreros y obreras sin patrón/a" del trotskismo, tambien puede ser cierto pero no
como sinónimo de “anti-capitalismo”, sino como rechazo de la autonomía por el automatismo. La fábrica bajo control
obrero no es más que los obreros bajo control de la fábrica.
Sería más fácil pensar que el capitalismo y todo lo que nos convierte en esclavos es un espacio físico al cual destruir
o al cual conquistar, pero también sería erróneo. El Capital es un conjunto de cosas y relaciones, pero es
además un sujeto social e histórico que, a pesar e independientemente de las personas o tendencias
ideológicas que crean o quieran dominarlo, es el que condiciona las dinámicas económicas.
Debemos sin embargo precisar algo muy importante: las críticas aquí expuestas no son un ataque a los
proletarios que día a día deben sobrevivir y por ello venden su fuerza de trabajo a un patrón directamente o
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indirectamente . Cada uno de nosotros sabe lo difícil que es juntar el dinero suficiente día a día o mes a mes, y a la
“creatividad” que hemos tenido que recurrir más de una vez. Pero sí son un ataque directo al gestionismo en
tanto que proyecto social y expansivo, en tanto que apología de una de las tantas formas que tienen los
proletarios para sobrevivir, es decir: al gestionismo en tanto que ideología.
“El gestionismo extremo aparece así como la última trinchera de la defensa capitalista, como puede
vislumbrarse ya en las luchas actuales. Las modernizaciones del gestionismo y reformismo, que
bajo la forma de “cambiar al mundo sin tomar el poder” (en realidad cambiar al mundo sin destruir ni
el poder burgués, ni el capital), debemos considerarlas como parte de la preparación
contrainsurreccional de la burguesía. Cada vez que el proletariado ha salido a la calle y se ha
encontrado en una cierta correlación de fuerzas, esas “nuevas” expresiones del viejo y putrefacto
gestionismo han constituido barreras reales de defensa de la gestión autónoma de las unidades del
capital (empresas, emprendimientos productivos, municipios…) y han logrado liquidar las energías
y la dinámica de destrucción revolucionaria del capital portada por el proletariado.”
(Grupo Comunista Internacionalista, “La contrarrevolución rusa y el desarrollo del capitalismo")
Es larga la lista de problemas que enfrenta un micro-emprendimiento familiar o
comunitario: falta de crédito, de tecnología, escasez de mercado, carencia de
preparación... Los problemas básicos que todo pequeño capital tiene en una
economía capitalista, ilustrados elocuentemente. ¿Solución? Más de lo mismo:
que el Estado otorgue más subsidios. Conscientes de estos obstáculos y
escépticos de que los "microempresarios" puedan salvarlos, afirman que pese a
todo, los micro-emprendimientos tienen una ventaja: la "solidaridad". ¿Pero, en
términos concretos, qué significa esta "solidaridad"? De vuelta se trata del trabajo
en familia o entre grupos de familias que, sin importar la ganancia, se esfuerzan
por sobrevivir. Pero este "trabajar para sobrevivir" significa que el microemprendimiento a duras penas da ingresos que permiten reproducir a la familia.
El micro emprendimiento es, entonces, el autoempleo que debe batallar
duramente para insertarse en el mercado a costa de precios bajos por súper
explotación individual y de la propia familia, en peores condiciones que en una
empresa: no hay jubilación, obra social ni estabilidad alguna. Sólo así se puede
producir con costos suficientemente bajos como para competir. En definitiva, se
vuelve una forma de transferencia de plusvalía a los capitalistas, bajo la forma de
insumos baratos por trabajo no pago. Se dirá que al menos tienen trabajo.
Precisamente, el micro-emprendimiento se convierte en la "prueba" cabal de que
no trabaja el que no quiere. Impulsada por la burguesía, esa conclusión suena
lógica. De la mano de los propios obreros, implica confiar ciegamente en el
capitalismo, una apología del capital por sus propias víctimas. El "síndrome de
Estocolmo" en su máxima expresión.
(Juan Kornblihtt, “Profetas de la autoexplotación” del libro Contra la cultura del trabajo)
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Hay una diferencia de forma, mas no de contenido, entre el individuo que es explotado directamente por un burgués en una
fabrica, empresa o negocio; y el que monta cualquier tienda, quiosco, huerta o cualquier forma de vida que suponga -sin emplear
a nadie, es decir sin explotar a nadie extrayéndole su plusvalía- ganarse la vida mediante la propia fuerza de trabajo sin encontrar
a nadie directamente dispuesto a comprarla. En ambos casos se trata de fuerza explotada por el capital para la valorización. El
capital se ahorra los medios de producción, y el proletario los pone a su servicio en el caso del autónomo. En el caso del sector
servicios, el capital marca los precios y por tanto la parte que le corresponde al autónomo (su salario disfrazado), la parte de gasto
y de plusvalía... [Cuadernos de Negación nro.2, pág. 18.]
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