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Con la autogestión, al igual que con la comunidad que incluye a la administración, se supone que debamos
imponer el trabajo sobre nosotros mismos y sobre los demás. Ambas son una respuesta a nuestra lucha contra nuestra
situación que, en última instancia, sólo crea una mayor forma de alienación. Nuestro problema con los restaurantes es
mucho más profundo que la forma en la que son administrados. Y no podemos resolver nuestros problemas mediante la
colaboración con la administración.

NEGACIÓN DE LO QUE NOS NIEGA
Somos incapaces de describir una sociedad sin relaciones capitalistas y sin Estado. Por un lado, sería terrorífico que
nuestras pretensiones se limitaran a tan solo apropiarse de este mundo y ponerlo en funcionamiento sin cuestionarlo;
pero por otro, también sería ingenuo pensar que ese mundo que imaginamos podría ser un paraíso en el cual cada
minuto sería divertido. Pareciera ser que nuestras mentes de esclavos no encuentran ideas para describir el mundo
que deseamos, y es en la revolución -un período de grandes cambios- que las personas, liberando su creatividad,
podrán hacerlo…
El negar lo que nos niega, es de por sí una afirmación positiva de nuestras capacidades humanas. No podemos
imaginar por su extensión, profundidad y grandeza; un mundo verdaderamente libre de dominación, y eso es
gratificante… Es gratificante saber que exceden a nuestra imaginación de “esclavos libres”, las capacidades
humanas que hemos ocultado al mundo, la creatividad que podemos desarrollar al no estar condicionados a la tarea
de producir valor.
Desde las formas de comer a las formas de hacer el amor, sufrirían modificaciones casi totales. Las relaciones
personales dejarían de suceder como fusión de seres atomizados, con todas las posibilidades que ello encarna. En
un espacio ya no diseñado para el control estatal y el tráfico de mercancías, y en un tiempo concebido de otra
manera; la destrucción del tiempo libre y el trabajo como esferas separadas que a la vez se complementan en este
sistema, serían obsoletas.
Descubriríamos las responsabilidades de “producir”, ya no para otro sino para nuestra comunidad en general y para
cada uno de nosotros en particular. Hoy la obediencia nos lo impide, cada persona se mira a sí misma como un
instrumento que realiza los deseos de otra persona, y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus
actos, por más que estos influyan de manera directa en sus pares.
Lo que aquí expresamos no es el fin de la historia humana, de su punto máximo de evolución, sino todo lo contrario:
se trata del comienzo de un mundo de posibilidades, ya no condicionadas por la dominación y el lucro. De un mundo
donde cada momento de nuestras vidas nos pertenezca.
Muchas de nuestras actividades de agitación, de reflexión, de defensa, de ataque, van en dirección a ello, a explorar
las posibilidades de un mundo nuevo que sabemos se esconde como posibilidad en éste, pero no podría convivir
aquí. Un mundo nuevo que ya no permita retorno al pasado, que es este presente de dominación y angustia, pero
que es también un presente de posibilidades para revolucionarlo todo. No se trata tan solo de oponerse a lo que
nos destruye y “aislarnos del mundo”, se trata de NEGAR Y SUPERAR…
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La potencia del contenido del comunismo anárquico está en la tensión que genera con el presente al no
poder realizarse dentro de él, y por lo tanto en su necesidad de negar este mundo para construir uno nuevo.

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“Comunismo anárquico” es la definición teórica que mejor encontramos para las condiciones que la revolución debería generar.
Comunismo en anarquía podrá ser comprendido por algunos solamente como comunismo, otros como anarquía, otros como
comunización y una gran mayoría simplemente como una vaga necesidad de libertad y emancipación. Lo importante es recalcar
que no es una ideología en tanto que posicionamiento enajenado y dogmático, y menos aún una síntesis ideológica de dos
corrientes. No queremos re-fundar la corriente comunista-anárquica, sino ser parte del movimiento revolucionario para vivir una
comunidad humana.
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