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IDEOLOGÍA DEL SACRIFICIO
¡Qué locura es el amor al trabajo! Que gran habilidad escénica la del capital, que ha
sabido hacer que el explotado ame la explotación, el ahorcado la cuerda y el esclavo
las cadenas.
(Alfredo María Bonanno, “El placer armado")
El capitalismo, al separar a los explotados de sus medios de vida y de producción, impuso el asalariado y
generalizó el trabajo “libre” al conjunto del planeta, reduciendo así al ser humano, en todas los
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continentes, al rol de trabajador, en definitiva: de torturado .
Como el capital ha hecho del trabajo la actividad más importante a la cual todo se subordina, normal y
normalizadamente nuestra actividad es "lo que hacés en la vida", lo que en esta sociedad quiere decir
"profesión", "trabajo", “oficio”. Nada es más coherente con ello, que todas las ideologías burguesas hagan
del trabajo la esencia del ser humano, ideología que es reproducida y soportada por las centenas de millones de
ciudadanos (o ciudadanizados, mejor dicho) que pierden cotidianamente su vida para "ganarse la vida". Y cuando
hablamos de perder cotidianamente la vida, lo decimos en serio. Uno se levanta temprano, para cuando ha llegado la
noche está cocinando para comer, y a veces se va dormir pensando: ¿Qué he hecho hoy en todo el día para
realizarme como ser humano? Y las respuestas son tristes; “nada o casi nada”, pero no hay mucho tiempo para
seguir preguntándose, porque mañana hay que comenzar otra vez.
La ideología burguesa de que el trabajo dignifica, que nos hace seres humanos y nos separa de las bestias, es junto
con la idea de dios, de las mentiras que parecieran ser más insostenibles, pero que más benefician a nuestros amos.
No es casualidad, que las clases dominantes a lo largo del planeta y en diferentes momentos históricos, presenten
como a héroe a imitar al trabajador modelo, aquel que no se queja, que se esfuerza hasta los límites de su
agotamiento por “la patria” o “la empresa” (en épocas de crisis) o hasta por “la revolución” (como llegan a llamar
algunos capitalistas, en el máximo de su asquerosa hipocresía, a la reactivación de una economía anti-proletaria).
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Desde el "Arbeit macht frei" de los nacional-socialistas hasta el "ganarás el pan con el sudor de tu frente" de la
biblia cristiana. Desde Henry Ford a Fidel Castro. Desde el stalinismo a los sindicalistas. Desde Mao Tse-tung a
Obama. La ideología dominante rinde culto a los trabajadores, mientras éstos sean solamente eso: trabajadores; una
pieza más en el engranaje capitalista. Pero en cuanto comiencen a revelarse justamente contra su condición, habrá como expresaba hace más de un siglo Louis Auguste Blanqui- de primera agua bendita, luego injurias, al fin la
metralla, la miseria siempre.
Nos dicen que una persona es “digna” porque es trabajadora. Casualmente, esa es la ideología de aquellos que
hacen trabajar a otros para ellos, y la de los curas y los políticos: esos parásitos que jamás han producido algo útil
para el resto de los mortales.
Así, somos empujados a esta lógica que es la única que nos permite mañana volver a soportar el trabajo. Nos
convencen -y luego nos convencemos- de que el trabajo hace bien, que de alguna manera es bueno para nosotros,
con tal de poder tolerar esa humillación diaria que padeceremos la mayor parte de nuestra vida.
En coherencia con esto, todas las ideologías se basan en el sacrificio, en la renunciación, en la
interiorización de las emociones, sentimientos, sensaciones... Al trabajo corresponde el sacrificio y a
éste la religión (¡incluida la marxista leninista de Estado!) como justificación de la represión de toda
manifestación de las pasiones y los placeres humanos, físicos, corporales.
(Grupo Comunista Internacionalista, “Tesis de orientación programática")
Pero si alguna “enseñanza” debería darnos el trabajo, es la de comprender las relaciones sociales mercantilizadas
más burdas que padecemos, porque allí se encuentran al desnudo. Cuando vemos directamente la extracción de
plus-valor, cuando somos despedidos de forma inesperada (para nosotros claro), cuando nos hacen -en definitiva- lo
que quieren, de manera más brutal o solapada, seamos hombres o mujeres, blancos o negros, inmigrantes o nativos,
homosexuales o heterosexuales.
Esas “enseñazas” deberían darnos lecciones importantes acerca de nuestra condición como clase, acerca de qué es
lo que nos une a los demás proletarios más de lo que nos separa.
Y a partidos, sindicatos y quienes aspiran a representarnos… dicha ideología del sacrificio les viene como anillo al
dedo. Defienden nuestra condición de asalariados para tener a quien “defender”; es decir, a quien representar; es
decir: de quien vivir. Su función es mantenernos a raya, lograr la sumisión y la disciplina que ni el ejército y la religión
pueden a veces lograr; en definitiva: canalizar y destruir nuestras luchas…
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Que se diga la cantidad de veces que sea necesario: "trabajo", proviene etimológicamente del latín "trepalium" (tres palos). El
tripalium era un instrumento de tortura construido con tres (tri) palos (palium) en donde se amarraba a los esclavos para azotarlos.
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Frase que adornaba los campos de concentración del régimen nazi y significa nada mas y nada menos que “El trabajo hace
libre”
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