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ABAJO EL TRABAJO
La crítica al trabajo no es una crítica entre
otras, es la crítica fundamental de este mundo
tal como lo sufrimos. Es nuestra actividad
humana fragmentada, limitada y enajenada.
En el capitalismo el trabajo toma la forma de
asalariado, algo que sin duda generará
maravillas para la burguesía, mas no para
quienes lo realizan, este no es otra cosa que
la actividad humana hecha prisionera de
las sociedades de clases, y concretamente
de la necesidad de las clases dominantes
de apropiarse de gran parte de nuestra
actividad en base a la explotación y al
sometimiento.
Pero la actividad que realizamos, no debe
ser necesariamente asalariada ni tampoco
trabajo. A lo largo de la historia, se han
precedido diferentes maneras de relacionarse
entre personas y de satisfacer sus
necesidades y deseos.
La actividad como cazadores, pescadores y recolectores pudo haberse desarrollado en algunos sitios no como forma
separada del resto del tiempo, sino como actividad vital de subsistencia. Otros son los casos de la esclavitud, la
servidumbre, que no pueden ser considerados “trabajo asalariado”.
Aquí nuevamente el lenguaje dominante, que no es otro que el de la clase dominante, no nos permite expresarnos
como quisiéramos: al referirnos a "trabajo" pareciera que lo hacemos siempre haciendo referencia al trabajo
asalariado, ya que bajo el sol negro del capitalismo la mayoría del trabajo es asalariado.
La palabra "trabajo" no debería designar más que una forma muy particular de actividad humana, parte de
una vida fragmentada, experimentada enajenadamente, porque ¿qué es la vida sino actividad?
“Trabajo” suena hoy a los oídos de todo el mundo como el perfecto sinónimo de “actividad”, puesto que
para la mayoría de los seres humanos el trabajo ha llegado a ser, lamentablemente, la totalidad de su vida. Y
no hablamos solo de la forma de conseguir dinero para subsistir, todo es vivido como trabajo: los
quehaceres domésticos, la creatividad “artística”, tener relaciones sexuales, la militancia política, criar un
hijo o salir con amigas.
Por ello, la realización de una comunidad humana tendiente a anular todas las separaciones de nuestra propia vida,
es casi imposible de describir con el lenguaje corriente. No podríamos referirnos con los términos a “actividad” y
“actividad” indistintamente cuando estemos realizándonos en nuestra integridad humana, satisfaciéndonos en
nuestra necesidad de alimento, amor y creatividad (categorías que, por otra parte, también pertenecen a este
mundo).
Por ello cuando hablamos de “trabajo”, vale comprender que la utilización de ese término determina una categoría,
una forma muy precisa de re-producción de la actividad humana, en la actualidad ligada intrínsicamente al sistema
mercantil, en tanto que actividad extraña al ser humano, reducido a “trabajador”.
Por otra parte, no está de más aclarar, que cuando afirmamos que el trabajo asalariado es explotación, no nos
referimos al trabajo mal pago o en un ambiente poco digno.
“Por ‘explotación’, se entiende casi siempre un trabajo precario y mal pagado, lo que efectivamente
es el caso de la inmensa mayoría de los asalariados del planeta. Pero esta definición restrictiva
implica que crear durante seis horas diarias softwares educativo a cambio de un buen salario y en
un ambiente que respete el entorno, sin ninguna discriminación étnica, sexual o de género, en
conexión con los habitantes del barrio y las asociaciones de consumidores, ya no sería explotación.
En una palabra, una sociedad en la que cada uno se lo pasa bien yendo al mercado el domingo por
la mañana, pero sin que nadie sufra la ley de los mercados financieros. En suma, el sueño de las
clases medias asalariadas occidentales extendido a seis mil millones de seres humanos…”
(Gilles Dauve, "Declive y Resurgimiento de la perspectiva comunista")
Y de ello hablamos cuando hablamos de trabajo asalariado, no solamente de sueldos bajos e inseguridad
laboral, sino de una relación social injusta, como casi la totalidad de relaciones de esta sociedad de
clases. Del robo violento a todos los proletarios, quienes, privados de los medios de reproducir
nuestra vida, somos obligados a transformarnos en esclavos asalariados.
La división del trabajo, impuesta por el método de producción capitalista, se nos presenta como una cosa
sumamente extraña. Siempre estamos realizando sólo una parte de un proceso que sabemos mayor, pero del cual
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