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REVOLUCIÓN PROLETARIA Y CONCIENCIA.
“Lo que es inadmisible es esperar que primero se tome conciencia, se “recupere la identidad de clase”, y sólo
después se entre en lucha, con todo muy clarito y…¡palante! Esto es absurdo y paralizante, y por ello reaccionario:
el proletariado actúa cuando tiene necesidad de hacerlo, empujado por la explotación y la opresión a la que le
somete el capital y su Estado. Y sólo en la acción, en la lucha real, puede ‘tomar conciencia’ para seguir luchando
hasta las últimas consecuencias. Sin errores, sin pasos en falso, no hay revolución”.
U.H.P., Arde nro.7
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A excepción de la revuelta en territorio griego comenzada en Diciembre del 2008, las últimas grandes revueltas,
verdaderas explosiones de rabia proletaria, se muestran cada vez menos concientes de sus necesidades y
objetivos históricos. Lo fundamental es lo que el proletariado, en su situación, está forzado a realizar como clase,
ya no como proletarios individuales o como una suma de proletarios individuales, y mucho menos como proletarios
“inconcientes” dirigidos por el partido “conciente”.
La revolución proletaria es una revolución conciente, pero no como suma de
la conciencia individual de los proletarios que de ella formen parte, incluso en
épocas revolucionarias en las cuales se siguen manteniendo ideologías y
prácticas no-revolucionarias o hasta contra-revolucionarias (machismo, fe
religiosa, nacionalismo, etc). La revolución es conciente, en el sentido de que
el proletariado en su proceso de confraternización y lucha, se va
constituyendo en fuerza y se nutre de un programa (que repitámoslo ¡No es
algo teórico, sino práctico, práctica de clase!).
No pretendemos que, alguna vez, absolutamente toda la clase explotada
tome partido concientemente de la necesidad de transformación
revolucionaria de la realidad, y avance con todo en claro y sin errores. Lo que
esto genera es que se olvide que esa conciencia se va desarrollando en los mismos procesos revolucionarios, en
su experimentación, con sus fallas y aciertos, recuperando el proyecto comunista y anárquico, que nos han
querido robar durante toda nuestra historia de oprimidos. Y aprendiendo, sin duda, de los errores históricos,
porque lamentablemente si algo tenemos es fracasos, y es sin duda de donde debemos aprender para poder
superar las prácticas que han llevado a ello.
La experiencia histórica de la lucha contra la opresión, no se ha trasmitido en forma lógica, ni verbal y mucho
menos por escrito, solo una pequeñísima minoría ha utilizado y utiliza esa forma de trasmitir experiencia. La
conciencia de ello no puede encontrarse en el cerebro de los individuos atomizados, por lo que las decisiones de
ellos en tanto que individuos no pueden conducir a la destrucción de la opresión. Sólo el proletariado actuando
como clase y como potencia puede reapropiarse de la experiencia histórica revolucionaria oponiéndose a
toda forma de sociedad de clase. La “conciencia colectiva” del proletariado como fuerza no es entonces la suma
de conciencias individuales o cerebrales, sino la condensación orgánica de potencias mucho más radicales y
pasiones totales. Esa potencia revolucionaria está arraigada en lo más profundo del ser humano, en el odio a la
sociedad presente, en el odio al trabajo y a su propia vida de trabajo y de sacrificio, en el odio a la guerra
capitalista. Y las minorías revolucionarias no son quienes aportan ninguna conciencia, sino que, al contrario, su
propia conciencia es el producto histórico de esa potencia inconciente y colectiva.
Algunos compañeros se comprometen realmente con lo que sienten y piensan, y con hacer lo que dicen,
cambio en otros la radicalidad de sus palabras esconde la miseria de sus actos. Consideramos que en vez
hacer llamamientos desesperados a la radicalidad, es cada vez mas necesario aportar para una comprensión
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la naturaleza de este período histórico y hacer lo posible por restaurar una crítica unitaria del mundo, a la par
que actuamos en él, con nuestros aciertos y errores.
en
de
de
de
Ya existen para el proletariado tanto la crítica teórica de la sociedad como su crítica en actos. Ambas
críticas se explican entre sí, cada una es inexplicable sin la otra, y aunque expresen lo mismo aún se
hallan separadas. Debemos entonces hacer lo posible para romper esa separación, o por lo menos por no
seguir agrandando la distancia. Sin adoctrinar a nadie, ni esperar a que las cosas se sucedan solas, influyendo
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Uníos Hermanos Proletarios - www.nodo50.org/crimental
“La organización revolucionaria no puede ser más que la crítica unitaria de la sociedad, es decir, una crítica que no pacta con
ninguna forma de poder separado, en ningún lugar del mundo, y una crítica pronunciada globalmente contra todos los aspectos
de la vida social alienada. En la lucha de la organización revolucionaria contra la sociedad de clases, las armas no son otra
cosa que la esencia de los propios combatientes: la organización revolucionaria no puede reproducir en sí misma las
condiciones de escisión y de jerarquía de la sociedad dominante.” [Guy Debord , La sociedad del espectáculo: El proletariado
como sujeto y como representación.]
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