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digan de ella, sino por su manifestación práctica en la realidad, por su contenido social real y por sus medios que
inevitablemente prefigurarán los fines.
Si bien algunos caprichosamente desechan la violencia y otros la elevan como un capricho, están quienes intentan
justificarla por todos los medios posibles, haciendo una distinción entre defensa y ofensa que la haría moralmente
aceptable. Esta distinción se hace muy difícil de divisar en un contexto en el cual la represión abierta no es el
capricho de tal o cual presidente, o de tal o cual dirigente militar o policial, sino parte de la planificación sistemática
para someter a los rebeldes y evitar al máximo la posibilidad de más rebeldes a futuro. Según la concepción de
esta gente, estaríamos siempre en posición de legítima defensa, desde que nos tocó nacer de este lado en la
lucha de clases, por lo tanto tal diferenciación es absurda.
Tomar posiciones activas a favor de la violencia es obviamente violento, pero tomar una posición
pasiva con respecto a la violencia impuesta es, quiérase o no, violento también, por omisión, por permitir de una
manera u otra la violencia. Para ser más concisos, jamás se puede ser "violento" o "no-violento": es fundamental
saber hacia quién y en qué situación, no se puede ser una cosa o la otra en abstracto, no se puede ser "violento"
con el policía y con el amante, esas caricaturas de las posiciones a adoptar sólo nos alejan de una práctica y una
discusión que puedan sernos útiles de alguna manera…
“La Revuelta necesita de todo: diarios y libros, armas y explosivos, reflexiones y blasfemias, venenos, puñales e
incendios. El único problema interesante es cómo mezclarlos” 31

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Nos muestran este sistema como inalterable, como algo ajeno a nosotros mismos. Nos quieren hacer sentir
desdichados pero impotentes, llenos de rabia pero resignados… Estas relaciones sociales nos deprimen, nos
enferman, nos roban el tiempo y la capacidad de desarrollarnos como seres integrales.
Pero poco a poco, nos vamos dando cuenta de que esta manera de relacionarse y de observar la existencia
no es algo natural, es algo histórico y por lo tanto modificable. La única manera de llevar a cabo una
transformación real es por medio de la revolución total, y es en el mismo desarrollo de la abolición del capital, el
trabajo asalariado, la mercancía, el Estado y toda forma de dominación que nos vamos a auto-suprimir como
clase, para que éstas ya no existan como tales.
Repetimos entonces: si hablamos de revolución como transformación radical de la sociedad, como
supresión del capitalismo, hablamos indefectiblemente de la auto-supresión del proletariado como clase.
Y no se trata de lo que imagine tal o cual proletario, o incluso el proletariado entero. Se trata de lo que es y
de lo que históricamente está forzado a hacer el proletariado para comenzar verdaderamente a vivir.

La revolución no es ni política ni económica, sino social: es un proceso de comunización, de negación directa
de las relaciones sociales capitalistas - especialmente de la empresa - y su reemplazo por relaciones humanas.
Comunización no es el traspaso de la propiedad privada a manos de la colectividad, sino la abolición de la
propiedad y del intercambio. Es un proceso en el cual el conjunto de la humanidad asume directa o
indirectamente la organización de la producción de bienes para su uso (no para el intercambio) de acuerdo a
las necesidades sociales. En el comunismo cada individuo tiene acceso a los bienes, sin que deba
intercambiarlos por dinero ni por una cuota de trabajo. De cada cual según sus capacidades, a cada cual
según sus necesidades: esta noción, aunque fue formulada en las colectividades campesinas rusas y en la
Comuna de París, se remonta a los tiempos del comunismo primitivo.
Presentación del sitio web “Comunización” www.comunizacion.klinamen.org

La futura revolución no tendrá ningún sentido emancipador ni posibilidad de éxito a menos que despliegue
desde sus comienzos una transformación comunista en todos los planos, desde la producción de alimentos
hasta el modo de comerlos, pasando por la forma en que nos desplazamos, dónde vivimos, cómo aprendemos,
viajamos, leemos, el modo en que nos entregamos al ocio, amamos y odiamos, discutimos y decidimos nuestro
futuro, etc. Este proceso no sustituye, sino que acompaña y refuerza la destrucción (necesariamente violenta)
del Estado y de las instituciones políticas que sostienen la mercancía y la explotación salarial. Esta
transformación, que se dará a escala planetaria, se extenderá sin duda a lo largo de generaciones, pero no
dependerá de que se hayan creado previamente las bases de una sociedad futura, destinada a realizarse
únicamente después de una fase más o menos larga de “transición”. Esta transformación no sería una mera
consecuencia de la conquista (o la demolición) del poder político, que posteriormente daría paso a un trastorno
social. Ella sería lo contrario de aquella fórmula: “Toda revolución es un sacrificio del presente en nombre del
futuro”. Para decirlo positivamente: no se trata solamente de hacer, sino de ser la revolución.
Comunización: una “llamada” y una “invitación” aparecido en la revista Troploin en septiembre del 2004.
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Anónimo, “Ai ferri corti con l'esistente, i suoi difensori e i suoi falsi critici”. http://ar.geocities.com/mariposasdelcaos/aiferri.html

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