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concientemente en los demás explotados y explotadas: compartiendo las luchas, nuestros materiales,
conversando, y todo lo que esté a nuestro alcance, si algo debe caracterizarnos es no asumirnos unos como
“prácticos”, otros como “propagandistas”, otros como “teóricos”… De acuerdo a nuestras posibilidades y
prioridades debemos intentar asumir las tareas y necesidades del movimiento que ya hayamos analizado son
necesarias sin caer en seguir repitiendo los mismos roles de dirigentes y dirigidos, ni imitar la típica división del
trabajo de la sociedad mercantil.
La teoría revolucionaria y la acción revolucionaria se relacionan mutuamente, y se alimentan una de la
otra: estos cuadernos intentarán ser un aporte en ese sentido. Sin desarrollo de la teoría revolucionaria, no
hay desarrollo de la acción revolucionaria, y viceversa. Y es claro que ningún proyecto en su totalidad se
resume a unas hojas entintadas, es este esfuerzo un aspecto más de las tareas que hemos escogido para
realizar.
Si sostenemos que la lucha contra la explotación es llevada a cabo por la humanidad dominada no es porque esta
posea alguna superioridad moral con respecto a la de quienes pertenecen a la clase dominante, sino porque la
contradicción entre sus necesidades humanas y sus condiciones materiales de existencia le empujan a luchar
(independientemente del nivel de consciencia) contra su situación y todo lo que la sustenta. Nosotros somos los
únicos que podemos derribar este sistema porque, a pesar de que somos sus principales víctimas, al
mismo tiempo somos sus principales pilares.
Reconocernos como proletarios o tan sólo reconocer nuestra situación social puede ser un paso decisivo, y es en
esa actividad misma donde debemos darnos cuenta, también, de que lo importante no es sólo reconocernos como
proletarios, para generar identidad u orgullo por nuestra condición, sino que justamente debemos suprimir
revolucionariamente la lucha de clases por la lucha contra el capital . Es decir: una lucha no sólo contra la
burguesía, sino también contra las relaciones sociales que emanan del desarrollo del capitalismo.
“Luchar contra el capital inevitablemente significará enfrentarnos con los funcionarias del capital, y generalmente
cualquier conciliación de nuestros intereses con los suyos será reaccionaria. Pero el objetivo de la lucha anticapitalista no es la derrota de los actuales explotadores (lo cual es sólo una consecuencia), sino abolir las formas
actuales de actividad y relaciones sociales que dividen a los seres humanos en explotadores y explotados.
El capitalista genera una actividad auto-alienante, muchas veces prescinde de la represión visible. El autoritarismo
que podemos sufrir personalmente por parte del capitalista, del político, del juez, o del policía, está precedido,
entonces, por la auto-alienación general que crea una sociedad con capitalistas, políticos, jueces y policías.30
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Y hablando de violencia…
Tanto el pacifismo como el anti-terrorismo en general, así como la distinción entre violencia de la
clase "en su conjunto" y acción "individual", son una expresión cínica conciente o no de la
ideología dominante y por lo tanto anti-revolucionaria. El señalar y condenar la violencia, siempre
pero siempre necesariamente minoritaria en sus primera fases, o considerar que la lucha armada
contendría en sí virtudes revolucionarias o "perversiones inhumanas" independientemente del proyecto social que
contiene quienes la realizan -lo que inevitablemente determinará la forma y el contenido real de esa violencia- es
un obstáculo para cualquier proyecto que intente transformar la realidad.
A esta altura de la historia es evidente que la revolución social será necesariamente
violenta, pero es totalmente falso que la violencia conduzca necesariamente a la revolución. Reforma y
revolución no se distinguen por la utilización o no de la violencia, sino por la práctica social global al
servicio de la reproducción reformada del sistema o contra él. La burguesía, el Estado y los aparatos de
dominación también utilizan la lucha armada en su guerra. Fracciones de oposición, reformistas de todo tipo,
nacionalistas varios, han recurrido desde siempre a la violencia y a la lucha armada en la defensa de sus propios
intereses para ocupar (o participar en) la dirección del Estado, para el cambio de su forma, para imponer variantes
en el tipo o la forma de la acumulación capitalista que les asegure una mayor parte en la apropiación de plusvalía.
Por más armados que estén, por más que sus dirigentes hablen de revolución, todas estas
luchas no son una afirmación de la revolución contra la reforma sino, por el contrario, una afirmación de la reforma
y de la guerra capitalista contra el proletariado y la revolución: desde sus raíces apuntan a una guerra de su
aparato contra el aparato del Estado, separándose indefectiblemente del proletariado.
Es absurdo el pretender caracterizar socialmente una lucha por la utilización de armas, así como también
lo sería el pretender caracterizarla por la difusión de panfletos o por el hecho de que sus protagonistas
hagan reuniones o editen periódicos. La lucha sólo podrá caracterizarse no por lo que sus impulsores quieran o
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Circulo Internacional de Comunistas Anti-bolcheviques, “La lucha contra el capital Vs. la lucha de clases”.
www.geocities.com/cica_web
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