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que la ideología del obrerismo es ya obsoleta, pero también comprendemos que la posición de los trabajadores
sigue siendo fundamental para cualquier intento de revolución.
Es indudable que hay sectores estratégicos del proletariado que, dada su capacidad de paralizar los centros
decisivos de la acumulación del capital (gran industria, minería, transportes, comunicaciones), podrían tener un
papel realmente decisivo en una revuelta, pero no siempre estos son los más decididos o los que más aseguran la
generalización de las mismas. En cambio otros sectores, como por ejemplo los desocupados en general, o en
particular el proletariado joven que no ha encontrado -o que sabe que no encontrará- comprador para su fuerza de
trabajo, pueden jugar un papel decisivo en el salto de calidad del movimiento
Compartimos entonces un texto bastante ejemplificativo realizado por el grupo Wildcat y traducido por los
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responsables del sitio Iniciativa de agitación comunista

“El obrerismo es una forma de ideología capitalista, endémica entre los autodefinidos revolucionarios. Es una
ideología que fomenta la aceptación de la relación labor-sueldo entre individuos que se han dado cuenta de la
explotación que ésta conlleva. Es, por lo tanto, una de las más elevadas formas de alienación.
La veneración por el obrero se encuentra en varias ideologías estatistas, como el estalinismo y el nazismo. Los
trabajadores son honrados por su rol de constructores de la nación, el estado y el capital. El obrerismo venera el
trabajo manual, el “trabajo con martillos”. Su visión del proletariado es el “hombre musculoso”. Mediante el
rechazo del trabajo comercial y de oficinas, rechaza a una gran parte de trabajadoras asalariadas,
revelándose a si mismo también como sexista.
El obrerismo ha estado presente en el movimiento obrero desde el principio. Las primeras sociedades obreras, de
inspiración cristiana, veneraban la honradez y el trabajo. Este moralismo linda con el obrerismo, el bastión
remanente de la ideología cristiana en el movimiento obrero.
[...] El obrerismo lidia con el fracaso histórico de su teoría no mediante la corrección de su teoría sino mediante la
falsificación histórica, en cada caso el rol jugado por los no-obreros es denegado o minimizado. La teoría
revolucionaria en cambio analiza los eventos reales para luego entender los momentos de debilidad en el
capitalismo.
Los obreros productivos, según los obreristas, mantienen una posición crucial debido a que puede, dejando de
trabajar, destruir al capitalismo. En realidad la importancia de éstos está sobrevaluada, debido a que la producción
es solo una parte del ciclo acumulativo del valor. Los trabajadores de las ramas de la comunicación y distribución
son también una fuerza poderosa. Una huelga de trabajadores bancarios puede tener un mayor efecto para el
capital que una de obreros automotrices. A su vez, una ola de disturbios urbanos puede tener más efecto que
ambas juntas.
La búsqueda de facciones cruciales dentro del proletariado, cuya lucha se vea privilegiada, revela la perspectiva
jerárquica que mantiene el obrerista. Surge de la visión de que el comunismo es un programa ya encuadrado que
sólo necesita de tropas para ser llevado a cabo. Esto refleja la resaca del antiguo socialismo de la 2da y 3ra
internacional en sus facetas socialdemócratas, leninistas o sindicalistas.
Esta teoría ve a la lucha de clases como una guerra (burguesa) con soldados y generales. El revolucionario
profesional determina el programa y los obreros lo ponen en práctica.
El obrerismo y el intelectualismo son opuestos pero no se contraponen, se complementan el uno al otro, el
pensamiento y la acción están separados, los trabajadores deben poner las ideas de los teóricos en práctica. Los
obreristas a menudo tienen su propia crítica de los intelectuales y no para el mismo obrerista.
El sujeto revolucionario no son los trabajadores productivos, ni siquiera los obreros: es el proletariado,
aquellos sin poder social o capital económico, que no tienen nada excepto sus cadenas para perder.
Además, los estratos no-proletarios pueden jugar un rol totalmente activo en un contexto revolucionario si el
proletariado mismo está en actividad.
La meta del movimiento comunista, entonces, no es la de lograr el Estado de los trabajadores: es la abolición de
todas las clases sociales para lograr la comunidad humana, creada mediante la lucha anticapitalista.”

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