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conformando un complejo proceso ideológico contribuyente a mantener el régimen de explotación y opresión
burgués al disimular y hacer difuso a nuestro enemigo y presentar dividida, debilitada numéricamente a nuestra
clase.
El objetivo de la ideología dominante (que no es mas que la ideología de la clase dominante) es el de
mantener al proletariado desorganizado, negado como clase, o mejor aún, encuadrado y movilizado al
servicio de la burguesía. No por casualidad, las herramientas del poder del capital son siempre las mismas. La
repolarización de la sociedad en diferentes alternativas burguesas, del estilo derecha contra izquierda,
antifascistas contra fascistas, liberales contra anti-neoliberales, nacionalistas contra imperialistas, dictadores
contra demócratas, militaristas contra pacifistas, islamistas contra cristianos, republicanos contra monárquicos, no
es una forma entre otras de reorganizar la dominación burguesa que está en peligro, sino el antiguo método de
transformar la rabia social contra la sociedad en rabia al interior de la sociedad, la guerra social en guerra
interburguesa, la bronca proletaria en delegaciones y negociaciones al interior del Estado, el
cuestionamiento de toda la sociedad en cuestionamiento de una forma particular de dominación, la lucha
contra el capitalismo en lucha en contra de una fracción burguesa y a favor de otra.
Si el secreto de la revolución es la autonomía del proletariado, la clave de la contrarrevolución es la
atomización del proletariado y su canalización dentro de la sociedad al servicio de la lucha de tal fracción
contra tal otra. Es cierto que más de una vez la lucha del proletariado pudo coincidir en el tiempo y en el espacio
en enfrentar un mismo enemigo con alguna fracción de la burguesía, pero es sólo una coincidencia política (y en
tanto que política: limitada y parcial) dado que la contraposición social contra sus propios explotadores es
permanente, y por ello cada vez que esta misma lucha nos lleva a afirmarnos como fuerza autónoma amenazando
a la burguesía en su conjunto, todas las fracciones de ésta asumieron la misma política de terrorismo contra las
expresiones revolucionarias.
A uno le hacen creer que no es proletario porque es empleado, el otro cree que no lo es porque está desocupado,
el de más allá se siente campesino en oposición al obrero de la ciudad, otro se cree comerciante porque es
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vendedor ambulante , muchos otros se sienten demasiado jóvenes o demasiado viejos para ser proletarios, habrá
también quien por ser mujer se sienta menos concernida por la cuestión de su clase o quien sienta la opresión
racial como más determinante que la de clase y en vez de sentirse proletario negro, proletario latino o proletario
amarillo, se siente negro, latino o amarillo... y para quienes superen estas formas más elementales de negación
inmediata de la realidad de proletario habrá otras formas más político-ideológicas de esa misma negación como el
sentirse “antiimperialista”, “anti-neoliberal”, “palestino”, “judío”, “cubano”, “de izquierda”, “francés”, “yanqui”,
“aymará”, “kurdo”, “croata”, “obrero de un país rico”, “feminista”, “anti-racista”, etc. Justamente esas negaciones
del proletario mismo son las que consolidan la ideología burguesa del “verdadero proletario” que como se sabe,
con sarcasmo lo definimos como: obrero industrial, hombre, nacional, y que mira con desprecio al lúmpen, al

estudiante, al que saquea, al inmigrante, a la mujer y a “todos esos negros”.
Así funciona el aislamiento de quienes luchan, perpetrado por la ideología dominante, gran cantidad de veces en
boca de los medios masivos de información, reduciéndonos “casualmente” a categorías que olvidan nuestra clase
al informar sobre diversos conflictos que estallan en todas partes del globo.

“Ellos nos organizan contra nosotros mismos, y nos impiden organizarnos contra ellos” afirmábamos en el primer
Cuaderno.

EL OBRERISMO ES OBSOLETO
Teniendo en cuenta que en los comienzos del movimiento obrero la producción de
servicios tendía a cero, y hasta era mas generalizada la situación de la temprana edad
para comenzar a trabajar asalariadamente, es comprensible que se haya buscado en el
obrero no al productor y manipulador de herramientas y máquinas supuestamente
liberadoras, sino al proletario, ya que podían ser casi sinónimos, debido también al
antagonismo de clase más claro y visible.
Hoy esa búsqueda es errada, el obrerismo es obsoleto porque la producción capitalista la ha superado.
Basta observar el hecho de que incluso la reproducción de la cultura es prácticamente compartida, ya que en la
actualidad explotadores y explotados ven el mismo programa de televisión y desean los mismo artículos de lujo:
en el pasado esa pseudo-homogeinización hubiera sido imposible. De todas formas también es peligroso que la
perspectiva de clase, cuando no cede al populismo, ceda al obrerismo, aún en nuestros tiempos. Comprendemos
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Una tendencia entre los vendedores ambulantes es diferenciarse entre “artistas”, “artesanos” y vendedores, los dos primeros
despegándose del último y peleando por un lugar en el mercado callejero al son de su valoración como “agentes culturales”…
Lo que a muchos lleva en ocasiones a no sorprenderse de que en alguna plaza echen a los vendedores ambulantes pero se
ponga el grito en el cielo cuando se hecha a los "artistas".

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