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¿TRANSFORMARSE O ASUMIRSE?
“El proletariado no denuncia la sociedad capitalista desde el punto de vista de la Razón, la
denuncia, en su práctica, desde el punto de vista de su ser; y cuando expresa conscientemente
esta denuncia, lo que no es “más que la forma ideológica en que toma conciencia del conflicto”,
no hace sino enunciar lo que es y el sentido de lo que hace.”
Pierre Guillaume, Ideología y lucha de clases.

No somos proletarios por considerarnos anti-capitalistas o por tener el overol de la fábrica puesto.
La producción capitalista no solo genera mercancías y plusvalor sino que también produce dos clases
irreconciliables: burguesía y proletariado. La sola existencia del capital significa explotación, significa
antagonismo de clases, por lo tanto significa lucha de clases, aunque no parezca serlo.
El Capital no es un monstruo lleno de maldad que anuncia: “voy a explotarte, a separarte de los medios para
realizar tu vida” y luego ataca. Su ataque hacia nosotros (llevado adelante por los burgueses y proletarios traidores
–negados como clase- que se ganan la vida reprimiendo a sus hermanos, o sea por seres humanos de carne y
hueso) se materializa en el trabajo asalariado, en el dinero, en la propiedad privada, en el Estado, en las leyes…
es decir en toda nuestra relación de sumisión obligada para con esos “pequeños monstruos”. Eso es lucha de
clases, cruel y violenta para millones y millones de personas, para la gran mayoría de este planeta. Es lucha de
clases aunque los intelectuales a la moda o ya en desuso no hablen de ello. Es lucha de clases aunque no lo
digan por la TV. Es lucha de clases respondamos o no, y cuando respondemos si lo hacemos para terminar con
todo esto o no… hagamos lo que hagamos estamos inmersos en ella, no estamos en paz con nuestra humanidad,
con nuestras verdaderas necesidades, con nuestros más profundos deseos.
Cualquier lucha que se base en las necesidades humanas se contrapone con la rentabilidad del capital: es
necesario asumir, entonces, lo que ya es en un principio llevándolo hasta las últimas consecuencias,
mediante la imposición de las necesidades humanas a las necesidades de la economía burguesa. Luchas
como las que se llevan adelante por reclamos salariales, mejores condiciones de trabajo, mejores condiciones en
las zonas donde intentamos vivir, o tan simplemente cuando elegimos o deseamos dedicar nuestro tiempo a
nuestros seres queridos o a lo que nos gusta realizar en vez de estar produciendo ganancias para la sociedad
burguesa; son todas situaciones donde estamos afirmando, quizás no con la suficiente fuerza u ofensiva, la
superioridad de nuestra humanidad frente a este sistema, como cuando un oprimido destruye, roba o desvía la
utilidad de una mercancía, afirmando prácticamente la superioridad humana con respecto a los objetos. En ese
sentido es mucho más correcto decir que “no se asume como acción revolucionaria” que decir “no se
transforma en…”.
Esas reivindicaciones y momentos de nuestra existencia, no asumen lo que realmente portan en su seno, no
desarrollan la potencia que contienen, no se apropian de su contenido revolucionario. Peor aún, siguen obviando
lo más importante: que la mayoría de nuestras penurias son directa o indirectamente causadas por esta manera
mercantil de concebir la vida, y que sin atacar las verdaderas causas seguiremos cortando ramas toda nuestra
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existencia, mientras el verdadero problema seguirá latiendo en la raíz, ileso . Es injusto que nos exploten por
menos dinero que a lo que a otros trabajadores les pagan, pero no es una situación extraordinaria, ni siquiera un
exceso, es algo propio del capitalismo, por lo tanto el problema no es tal o cual patrón en particular, sino las
dinámicas capitalistas en general; podremos lograr mediante la lucha que en ese caso puntual eso no vuelva a
suceder, pero seguirá sucediendo en cada rincón del mundo mientras el capitalismo siga existiendo.
Por eso, como expresábamos párrafos antes, el posicionamiento revolucionario no viene desde afuera,
sino que es un impulso interno y propio negado por nuestra alienación, que obviamente no hemos
elegido libremente. Es un error creer que este sistema se perpetúa solamente por la represión policial o

por la “traición” de los jefes políticos y sindicales. El principal obstáculo para una sociedad liberada es
que la inmensa mayoría de los explotados “acepta” (ya sin el esfuerzo de decir que sí) las normas y
valores de esta sociedad: las relaciones jerárquicas, el trabajo asalariado, la pasividad y la ignorancia.19
Los revolucionarios han constatado más de una vez que esa determinación histórica general hacia la
revolución social no es inmediata ni lineal, y que puede ser retrasada, condicionada, desviada por
muchísimos factores de orden político, ideológico, religioso, cultural, etc. Esto explica que en
condiciones materiales impresionantemente catastróficas, como las actuales, la protesta contra dichas
condiciones no se asume directamente, como quisiéramos, como acción organizada para la destrucción
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Para ampliar sobre este tema se puede leer el texto “Desvío y parcialización” aparecido en el nro.13 de la publicación
Disarmo. Disponible en: http://ar.geocities.com/mariposasdelcaos/d13.html

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Correo Proletario nro.1 www.correoproletario.blogspot.com

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