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no es una condición que nos interese reafirmar ni defender, no nos complace como a quienes “eligen libremente”
su identidad entre las mil y una opciones existentes para presentarse en sociedad. El único motivo de orgullo para
los proletarios es luchar contra el mundo de la propiedad y del Estado, contra sus excrementos culturales y
psicológicos, y contra todos los que justifican la servidumbre en vez de denunciarla.
Aceptarse del bando proletario no supone aplaudir los actuales rasgos mayoritarios de quienes son los
oprimidos: religión, nacionalismo, racismo, machismo, y demás aspectos de la enajenación, como gustan
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los populistas o como tal vez toleran con disgusto para poder estar “firmes junto al pueblo ”. La más extrema
injusticia de la opresión social tiene más probabilidades de degradar a sus víctimas que de ennoblecerlas. La
cuestión no es alabar al proletariado, sino abolirlo, y no puede ser abolido desde afuera. Hablar de
revolución, como transformación radical de la sociedad, como supresión del capitalismo, es hablar de la
auto-supresión del proletariado como clase… y no de la imposición de las actuales condiciones
proletarias a todo el mundo.

“[Comprendemos al] proletariado como nueva fuerza histórica en relación con los esclavos, los siervos, los
pobres, explotados y desposeídos de épocas anteriores al capitalismo (antes del Renacimiento, pero por sobre
todo antes de la Industrialización). Y ello, no por amor a la industria o a las fuerzas productivas (aunque la
ambigüedad de Marx y otros en torno a este punto sea innegable17, aquí nos concentramos en los puntos fuertes
de su perspectiva, y no en sus debilidades), sino porque el capitalismo es el primer sistema de explotación
universal, y se basa en un proletariado potencialmente revolucionario debido a su existencia en el capital, a su
interrelación con el capital, a la “implicación recíproca” precisamente, que le da la capacidad de actuar como
sujeto de un cambio social radical, la capacidad de crear una comunidad humana. A partir de la mitad del siglo XIX
empezó a estar claro el contenido del comunismo: abolición de la propiedad privada, del capital, del dinero, del
trabajo, del Estado.
Según esta perspectiva, no hay ninguna diferencia fundamental que separe al minero inglés o al artesano
proletarizado parisiense de 1850, del asalariado de un call-center en la India o del camionero californiano del
2004. Si analizamos los factores que en 1850 impedían al minero y al artesano proletarizado emprender una
acción comunista, esos “límites objetivos” (es decir, que no dependían de ellos sino que les eran impuestos por la
situación) también los encontraremos en el asalariado del call center y en el camionero del 2004. Lo que ambos
tienen en común (en términos de posibilidad histórica y de impotencia e inercia social) tiene infinitamente
más peso que aquello que los diferencia. Esa es la parte fundamental.”
Gilles Dauve, Communisation: un “Appel” et une “Invite”. .
Traducido por Comunización www.comunizacion.klinamen.com [las negritas son nuestras]

PROLETARIADO Y PROPIEDAD PRIVADA.
Con la auto-supresión de nuestra condición de proletarios desaparecerá la anti-tesis que nos
condiciona: la propiedad privada. No existe una sin la otra.
La catástrofe capitalista, que castiga duramente todo el planeta, precipita a una parte cada vez mayor
de la población mundial hacia soluciones de supervivencia cada vez más extremas, cada vez más ilegales,
cada vez más en oposición a la sacro santa propiedad privada.
“Os horrorizáis -dice Marx- de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad
actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; la misma
existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprocháis, pues, el querer
abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la
sociedad sea privada de propiedad.”
El mismo bastardo que nos echó de las tierras, clavó cuatro palos, cercó y luego dijo "esto es mío" está
también cercando cada vez más nuestra creatividad, robando el conocimiento social y patentándolo para que
no podamos utilizarlo.
La propiedad privada no ha existido siempre y no será eterna. Su supresión, entonces, no es sólo
posible sino también necesaria para la realización de una vida verdaderamente humana.
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El Pueblo: Un eslogan mas a través del cual la burguesía se amalgama a los explotados. El pueblo es un concepto amorfo
utilizado muy bien por los demócratas para desconcientizar nuestra clase introduciéndola dentro del contexto de nación. Dentro
del pueblo cabe de todo, explotados y explotadores, ejército, policía, campesinos y obreros, partidos y sindicatos, etc…
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Nota de Cuadernos de Negación: Aquí nos reconocemos en una ruptura fundamental con los revolucionarios que
obnubilados con los progresos científicos de su época atribuían un valor positivo al crecimiento de los mismos, por el contrario
ese desarrollo gigantesco de la productividad en los tiempos modernos es lo que ha permitido al capital constituirse como falsa
comunidad. El crecimiento de esa productividad equivale al crecimiento ilimitado del aislamiento, de la masificación
estandarizada, de la servidumbre, de la prisión en que se encuentra sepultada la especie humana. Si cabe aclarar, nos
reconocemos tambien en ruptura fundamental con aquellos que consideran al capitalismo como un sistema social progresivo,
que ahora puede encontrarse en su decadencia o descomposición. El capitalismo podrá ser progresivo, pero para sí mismo.
¡No podemos confundir su progreso con el progreso humano! ¡De hecho, se encuentran en contraposición!

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