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CLASES SOCIALES
o la maldita costumbre de llamar a las cosas por su nombre.
“Proletario es una palabra usada para describir a la clase trabajadora bajo el capitalismo. Somos todos quienes en
ésta sociedad no contamos con una propiedad o negocio del cual obtener dinero y por lo tanto tenemos que
vender nuestro tiempo y energía a un jefe o patrón. En definitiva, nos vemos forzados a trabajar... y nuestro
trabajo es la base de esta sociedad. No somos una simple categoría social, somos una maldita realidad. El trabajo
y la sociedad que se desarrolla en torno a él nos alienan y hacen miserable nuestras vidas. Vivimos para
‘ganarnos la vida’ y la vida que ‘ganamos’ la derrochamos en la lucha diaria por sobrevivir sin satisfacer nuestros
verdaderos deseos y sus necesidades.”
Cuaderno de Negación nro.01: Trabajo Comunidad Política Guerra. ¿Proletariqué?
No es un invento filosófico ni la resentida intención de dividir a la sociedad en clases, como acusan los dedos
señaladores del conformismo. Las clases sociales se definen en la práctica, por su oposición y su relación
con la "producción". Pero "producción" no en el sentido económico de producción exclusivamente de
cosas, sino en el sentido global de reproducción de la especie, reproducción de la explotación,
reproducción de dos bandos irreconciliables -explotadores y explotados- reproducción de la propiedad
privada y de una masa siempre creciente de seres privados -privados, claro está, por la propiedad de los
otros- de todos los medios necesarios para reproducir sus condiciones de existencia...
En fin, reproducción siempre exacerbada del antagonismo entre propietarios, defensores del mundo de la
propiedad privada, pues de ella se benefician, y aquellos cuya existencia misma (mas allá de que posición
ideológica adopten) se contrapone en toda su vida práctica con ese mundo. Esa inmensa mayoría de la
humanidad que está impedida de vivir porque debe “ganarse la vida” de una forma u otra. Aunque en su
alienación no se reconozcan como tales, aunque no comprendan esa contraposición. Porque hasta cuando no se
producen más que en un único lugar, las revueltas y demás expresiones de rabia de los oprimidos están situadas
en el nivel de la totalidad porque son una protesta del ser humano, sean muchos o pocos, contra la vida
deshumanizada, en antagonismo con este mundo creado casi a medida de la clase burguesa. Así se da la
paradoja de que el capital que contiene en sí todas las divisiones, toda la competencia, todas las guerras y
masacres, actúa como una unidad frente a toda acción proletaria en cualquier parte; mientras que el proletariado
actúa separado y desunido frente al monstruo capitalista mundial. Así se reproduce la dominación general del
capital y el proletariado es negado en su vida misma como clase, como fuerza, como perspectiva y proyecto
revolucionario.
El conflicto entre clases no es meramente económico, en una sociedad dominada por la economía hay una clase
que se ve beneficiada por ese orden de producción y que a su vez impone las condiciones que le benefician
generando un mundo de mierda, falso, pero que al sector que posee las fuerzas productivas le favorece, y por
ende genera las condiciones para protegerlo, perpetuarlo y reproducirlo. El mundo sigue siendo una mierda, tanto
para el burgués como para el explotado, pero éste último sentirá incomodidad, hambre, dolor, sueño,
insatisfacción de sus necesidades… el burgués también, pero tendrá a su manos los medios para apaciguar su
molestia o distraerla… el proceso histórico de la producción económica ha encontrado los medios para que el
proletario también pueda apaciguar o distraer su malestar, siempre y cuando pueda acceder, pero de forma más
barata, con sabores que no serán los mismos que para el burgués y de forma impuesta. El punto es que el mundo
que se descompone es uno (tanto para el burgués como para el proletario), pero el que está en condiciones más
desfavorables y que históricamente ha tomado conciencia de ello es el proletariado, basta sentir una o varias
necesidades para ello. Quien está en condiciones más cómodas lo protege. El enfrentamiento no es una
condición en sí de la división de clases, es un motor para la revolución; la lucha de clases no es la
revolución, es su combustible.
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