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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
del empresariado, de los profesionales y, eventualmente, de otros sectores
de la vida nacional.
• Persigue la liberación de los hombres de la opresión y el poder ajeno. Esta
liberación comienza por la libertad interior, sólo alcanzable por medio de
un sentimiento que trasciende al hombre y cultive en él la actitud de servicio. De otro modo, aún las ideologías más revolucionarias conducirían
únicamente a simples cambios de amos.
• Tiene en la representación uno de sus fundamentos vitales. La representación está dada, esencialmente, por la acción política canalizada a través de
los partidos y de la cual deriva la asignación de poder político como poder
de representación y de juicio político. Otro nivel de representatividad puede estar dado por los distintos grupos sociales o destacadas personalidades
independientes, que contribuyen en la formulación de proposiciones y en
aporte de ideas fundamentales.
• Promueve la participación auténtica para la cual requiere, al menos, las
concepciones básicas de bien común, ética generalizada, pluralismo, solidaridad y representatividad. El ciudadano se expresa como tal a través de
los partidos políticos cuya vigencia lleva al funcionamiento de los cuerpos
políticos legislativo y ejecutivo. Pero también el hombre, a través de su
condición de trabajador, intelectual, empresario, militar, sacerdote, etc.,
tiene que organizarse para participar en otro tipo de recinto, como puede ser, por ejemplo, el Consejo para el Proyecto Nacional Argentino. Este
ente debe enfocar su tarea hacia la gran obra de formulación del Proyecto
Nacional, en la cual todo el país tiene que empeñarse. Además de esta participación, son concebibles otras formas de participación de los grupos
políticos y sociales, a título de asesoramiento y de contribución a la gran
tarea de liberación y reconstrucción nacional, en la que debe estar empeñado todo el país. Las formas que deba asumir esta participación están aún
abiertas a la consideración de quienes serán responsables de la misma.
• Concibe la autoridad como la facultad de mandar según la recta razón, con base
en un orden moral y una ética superior.
• Se realiza con una concepción nacional sin xenofobia, en actitud continentalista y universalista, de efectiva cooperación y no competitiva.
• Es “moderna”, porque requiere la estructuración orgánica y funcional en
los términos de la sociedad organizada, superando las estructuras heredadas del Estado liberal, incapaces de servir eficientemente a nuestro
Modelo Argentino.
• Se plantea en términos de ideales, pero partiendo de la realidad actual y
evaluando nuestra idoneidad concreta de transformación. No configura,
pues, una utopía.
La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando
se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario;
vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas. También es frecuente presentar situaciones utópicas para hacer
fracasar auténticos procesos revolucionarios.
Nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas
permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal
para mantenerlo abierto a la realidad del futuro.
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C) El nivel de conducción
En la tarea política del país, al más alto nivel, intervienen dos instancias:
la conducción política y la político-administrativa. La primera atiende a la
estructura del poder, y la segunda, a la administración del país, en general,
además de la administración del gobierno en particular. Este último aspecto
lo habré de tratar en otro lugar del presente trabajo.
El principio orgánico reside en disponer: unidad de concepción, conducción centralizada y ejecución descentralizada. Los niveles en los cuales se
trabaja son, en términos generales: la conducción superior del Estado, las
entidades intermedias y el pueblo en el ámbito ciudadano.
Dentro de este esquema hace falta una fisonomía para las instituciones de
conducción. Ella debe responder a la tarea que a estas instituciones toca realizar.
Tres son las grandes tareas: planeamiento de lo que ha de hacerse, ejecución concreta, control y reajuste del proceso.
El planeamiento debe formalizarse para el largo plazo (varias décadas
hacia el futuro); para el mediano plazo (el número de años que dura un gobierno) y para el corto plazo (un año).
El largo plazo requiere la definición de las cualidades de la sociedad que se
visualizan para el futuro y la identificación de estrategias globales para alcanzarla. Tal tarea requiere la constitución de un organismo específico al cual el pueblo
contribuya, a través de los mecanismos con los que cuenta y en los ámbitos que
conoce. Esta entidad puede ser el Consejo para el Proyecto Nacional, a integrarse
con todos los elementos representativos de la comunidad.
El planeamiento para el mediano plazo requiere ser realizado, básicamente,
por el Poder Ejecutivo, con la participación correspondiente del Congreso.
