modelo argentino para el proyecto nacional II.pdf

Vista previa de texto
Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
insinúa ya, en su cultura, las evidencias del crepúsculo de su proyecto histórico.
Argentina comienza, por fin, a transitar el suyo.
La gestación de nuestra cultura nacional resultará de una herencia tanto europea como específicamente americana, pues no hay cultura que se constituya
desde la nada. Pero hay que tomar centralmente en cuenta los valores que emanan de la historia específica e irreductible de nuestra Patria. Muchos de tales
valores se han concretado en la cultura popular, que como todo lo que proviene
de la libre creación del pueblo, no puede menos que ser verdadera.
Dirigir nuestra mirada a esos valores intrínsecamente autóctonos no significa
tampoco precipitarnos en un folclorismo chabacano, que nuestro pueblo no merece, sino lograr una integración creativa entre la cultura mal llamada “superior” y
los principios más auténticos y profundos de esa inagotable vertiente creativa que
es la cultura de un pueblo en búsqueda de su identidad y su destino.
Para alentar con optimismo la tarea de elaboración de una cultura nacional, es necesario tomar en consideración tres instrumentos poderosos:
los medios de comunicación masivos, la educación en todos los niveles y la
creatividad inmanente del pueblo.
Ya me he referido a los mecanismos de información de carácter masivo
y sus riesgos. Me parece obvio insistir en la necesidad de que estén cada vez
más al servicio de la verdad y no de la explotación comercial, de la formación
y no del consumo, de la solidaridad social y no de la competencia egoísta.
No debe olvidarse que la información nunca es aséptica, lleva consigo una
interpretación y una valoración; puede ser usada como un instrumento para
despertar una conciencia moral o para destruirla.
Unas breves palabras sobre la educación, que deberá ser objeto de fértiles
discusiones por la comunidad argentina en pleno.
Si bien cada nivel de la educación presenta problemas específicos, el denominador común que debe enfatizar nuestro Modelo Argentino es el acceso
cada vez mayor del pueblo a la formación educativa en todos sus grados. El
Estado deberá implementar los mecanismos idóneos al máximo, creando las
condiciones para concretar este propósito, que es una exigencia ineludible para lograr una plena armonía de nuestra comunidad organizada.
Creo que nadie puede, razonablemente, poner en duda que nuestro objetivo en el campo de la educación primaria debe articularse en torno a dos
principios: creciente eliminación del analfabetismo en todas las regiones del
país y establecimiento de las bases elementales de la formación física, psíquica y espiritual del niño. Este segundo principio implica que, ya en la infancia,
deben sentarse los fundamentos para la conformación de un ciudadano sano, con firmes convicciones éticas y espirituales, y con la íntima intuición de
su compromiso integral con el pasado, el presente y el futuro de la Nación.
Esto debe incrementarse en la enseñanza media, donde es de una importancia decisiva fortalecer la conciencia nacional, para lo cual el adolescente está,
sin duda, preparado afectiva y psicológicamente.
En la enseñanza superior debe cumplirse la última etapa de la formación
del hombre como sujeto moral e intelectual, pero también como ciudadano
argentino. Es por eso que en ella hacen eclosión las carencias o los logros de
los niveles previos. En ella también debe culminar un objetivo que tiene que
impregnar todos los niveles de la enseñanza: la inserción de las instituciones
educativas en el seno de la comunidad organizada. Repito casi textualmente lo
que afirmé respecto de la familia: no puede concebirse a la universidad como
separada de la comunidad, y es inadmisible que proponga fines ajenos o contrarios a los que asume la Nación. No puede configurarse como una isla dentro
de la comunidad, como fuente de interminables discusiones librescas.
No necesitamos teorizadores abstractos que confundan a un paisano argentino con un “mujik”, sino intelectuales argentinos al servicio de la reconstrucción
y liberación de su Patria. Pero por otra parte, el universitario que el país requiere
debe tener una muy sólida formación académica, pues no basta utilizar la palabra “imperialismo” o “liberación” para instalarse en el nivel de exigencia intelectual que el camino de consolidación de la Argentina del futuro precisa.
Es por eso que convoco a los jóvenes universitarios a capacitarse seriamente para sumarse cada vez más a la lucha por la constitución de una cultura nacional, instrumento fundamental para conquistar nuestra definitiva
autonomía y grandeza como Nación.
Para ello, deberán estar cerca del pueblo, que aporta el tercer elemento
para la definición de la cultura nacional: su misteriosa creatividad que lo
convierte –además– en testigo insobornable. Testigo al que hay que escuchar
con humildad, antes que intentar imponerle contenidos que él no reconoce
como constitutivos de su ser y enraizados en la estructura íntima de su extensa patria grávida de futuro.
68
69
3. La vida política
La vida política de la sociedad argentina del futuro ha de realizarse en
comunidad organizada. Propongo que esa comunidad organizada configure
la democracia social. Veremos en qué consiste tal estructura política.
