modelo argentino para el proyecto nacional II.pdf

Vista previa de texto
Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
los ingresos, que termine definitivamente con su concentración en reducidos núcleos o élites que han sido la causa de costosos conflictos sociales.
Debemos crear el país del futuro para las generaciones venideras, pero
partiendo de la base de que las presentes deben intervenir plenamente en su
configuración.
Sería socialmente injusto que, con el objeto de acelerar el desarrollo, se
afectasen ostensiblemente las posibilidades de realización de quienes precisamente lo generan. Por otra parte, es cristianamente inaceptable que ese
desarrollo se materialice a expensas de los más necesitados.
El costo debe ser repartido proporcionalmente, de acuerdo con las posibilidades de cada uno.
Cuando se habla de distribución funcional, suele predicarse que para favorecer el proceso de crecimiento económico es conveniente remunerar en una
mayor proporción al factor capital y empresarial, en detrimento del trabajo.
Aun cuando esto técnicamente pudiera tener visos de realidad, es socialmente
injusto y por lo tanto debe excluirse de nuestra doctrina nacional.
Por el contrario, es condición necesaria estimular sostenidamente este
último factor, que precisamente está integrado por los estratos más bajos de
la escala social, y para ello debe intensificarse el uso de los diferentes mecanismos que incrementan el ingreso real, tarea en la cual el Estado tiene una
responsabilidad impostergable.
La solución del déficit habitacional, la ampliación y difusión de los servicios relacionados con las necesidades primarias, la educación y el esparcimiento; los subsidios a la familia numerosa y a las clases pasivas son meros
ejemplos de lo que el Estado debe concretar en forma amplia y eficiente, o
sea cuantitativa y cualitativamente en relación con la necesidad.
La inflación, cualquiera sea su origen, tanto como el control de la oferta
y, por ende, de los precios, por parte de estructuras con poder monopólico,
en todos los casos terminan con una distorsión del ingreso y generan una
distribución regresiva del mismo.
Es aquí también donde el Estado debe estar presente, y para ello no
bastará atacar los efectos, hay que atacar las causas que los originen. En
este quehacer deberá actuar con el máximo poder que le confieren sus
facultades.
No es suficiente que exista, además de una adecuada tasa global de crecimiento, una buena distribución personal y funcional, si regionalmente existen notorios desniveles.
La sociedad argentina está integrada por el hombre de la ciudad y del
campo, de las grandes urbes y de los pequeños conglomerados, aún de aquellos ubicados en la zona fronteriza. Todos deben participar en el esfuerzo,
pero todos deben, también, gozar de los beneficios.
La distribución regional de los ingresos ha de ser también motivo de especial preocupación no sólo del Estado, sino de toda la comunidad. Los gobiernos provinciales, en pleno uso de las facultades que otorga un sistema federal, deben poner todo de sí y crear conciencia popular de solidaridad para
ayudar a las áreas sumergidas. Mientras exista una sola familia cuyo ingreso
esté sólo en un mero nivel de subsistencia o, peor aún, por debajo de éste, no
habremos logrado en modo alguno un nivel económico con justicia social.
Respecto al capital extranjero, sería utópico pretender que no reciba una participación por su aporte en el quehacer nacional. No es esto lo que realmente
importa, sino las fuentes que dan lugar a tales ingresos. Es por ello que la comunidad, en general, y el Estado, en particular, deben definirlas con claridad.
Existen empresas y organizaciones internacionales que aún hoy persisten
en manejarse con pautas de explotación y especulación, sin darse cuenta de
que los países del presente, por pequeños que sean, han aprendido la lección y
van ejerciendo cada día con mayor vigor la defensa de sus propios intereses.
Nuestra Patria ha avanzado en tal sentido, pero es necesario lograr aún
mayores progresos. No podemos olvidar que somos los únicos responsables
de los éxitos o fracasos que el país experimenta.
Cabe aquí recordar, nuevamente, lo expresado en materia de capacitación
de nuestros hombres públicos, funcionarios y aún empresarios. Sólo una firme
formación moral y una elevada idoneidad técnica permitirán seleccionar adecuadamente las fuentes que dejan un beneficio real para el país.
84
85
I) El agro
El mundo actual observa con creciente preocupación el paulatino agotamiento de los recursos naturales, al punto de temer el desencadenamiento de una crisis en materia de productos esenciales para la subsistencia de
la humanidad.
Nuestro país, en tal sentido, resulta un privilegiado de la naturaleza y
una esperanza para la sociedad en la etapa universalista, considerando sus
potencialidades en materia de recursos naturales. De allí que la definición de
una política estable y definida para el agro constituya una responsabilidad
ineludible de las generaciones del presente para con las del futuro.
