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Juan Domingo Perón
Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
Esta política debe señalar con precisión los objetivos a alcanzar en materia de colonización, infraestructura, régimen de tenencia de la tierra, explotación, investigación, capacitación e incentivos, con el fin de lograr a la vez
una fuente continua de riqueza para el país y un aporte vital para el mundo
del futuro hecho con criterio de solidaridad universal.
Ambos conceptos, fuente sostenida de riqueza y solidaridad universal,
implican necesariamente hacer un uso racional de nuestras tierras aptas, como así también realizar un esfuerzo sostenido para agregar a éstas las hoy
ociosas o deprimidas.
La colonización de nuestras tierras adquiere, en razón de lo expuesto,
una importancia tal vez superior a la que se le asignara en épocas pasadas, pero simultáneamente, es amenazada por mayores condicionamientos y dificultades.
El paulatino desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos, las necesidades propias de la vida moderna, la complejidad de los medios técnicos y niveles de inversión requeridos para la explotación agrícola
son aspectos que condicionan el logro de este objetivo.
No podemos pensar en colonizar, si previamente no creamos los medios
que aseguren a los inmigrantes condiciones de vida propicias para su desplazamiento. Ello, indudablemente, implica un esfuerzo económico de magnitud
trascendente y una planificación detallada, con determinación de prioridades.
En tal sentido, será preferible un plan con metas no excesivamente ambiciosas,
escalonadas en el tiempo y por zonas, pero basado en posibilidades reales de
concreción, a otro ambicioso que permanezca en el plano teórico o que sea
usado como mera herramienta de propaganda ideológica o partidista.
Simultáneamente con la creación de la infraestructura destinada a hacer
digna la vida de la población rural, será necesario considerar la requerida
para posibilitar la explotación de las tierras en condiciones de productividad
creciente y de agilización de las etapas de distribución, almacenaje y comercialización de los productos.
Entendemos que la tenencia de la tierra implica la responsabilidad de no
atentar contra la finalidad social que debe satisfacer la explotación agraria.
Dicha finalidad social sólo se cubrirá cuando la tierra sea explotada en su totalidad y en relación con su aptitud real y potencial, tomando el lucro como
un estímulo y no como un fin en sí mismo.
La tierra no es básicamente un bien de renta, sino un bien de trabajo. El
trabajo todo lo dignifica.
La explotación de las tierras implica considerar un dimensionamiento
óptimo y una conservación adecuada del suelo; ambos aspectos deben ser
evaluados dentro de un contexto eminentemente técnico, y con miras a lograr consenso y no enfrentamiento de grupos o sectores.
La experiencia indica que muchas discusiones, particularmente en lo que
concierne a la subdivisión de las tierras, se han orientado, o han sido fuertemente condicionadas, por razones meramente ideológicas más que de beneficio para la sociedad en su conjunto.
La actividad productiva dentro del sector primario no ha escapado a la
influencia de la continua revolución tecnológica que es un signo de nuestros tiempos. Más aún, puede observarse que en los últimos años se hacen
denodados esfuerzos para lograr nuevos procedimientos que compensen la
escasa productividad de la tierra, teniendo en cuenta el creciente aumento
de la población mundial.
La República Argentina, como poseedora de un vasto territorio con aptitud especial para su explotación, no puede, bajo ningún concepto, quedar
rezagada tanto en el uso de esos nuevos procedimientos como en el proceso
de investigación.
La creación y estímulo para lograr una conciencia en esta materia debe
ser responsabilidad no sólo del Estado, sino también de los sectores privados
que participan de la correspondiente actividad.
Los actuales centros de experimentación y de formación de mano de obra
capacitada necesitan contar con el decido apoyo público y privado. Pero éstos, a su vez, deben basar sus planes de acción sobre objetivos y metas concretas y acordes con las posibilidades del país.
No resulta novedoso señalar la natural resistencia de muchos trabajadores rurales a la implantación de nuevos métodos, procedimientos y herramientas destinados a proteger el suelo, incrementar la productividad y cultivar nuevas especies. Sin embargo, parece que los esfuerzos para lograr un
cambio radical y definitivo resultan todavía insuficientes.
Por tal motivo, el Estado, en particular, y las organizaciones rurales, en general, deberán coordinar sus esfuerzos a fin de profundizar los cambios y hacer evidentes los beneficios que los mismos traerán aparejados. Un hombre de campo
con una mentalidad moderna y de futuro es el factor insustituible del progreso
del sector, más allá de toda medida administrativa o de estímulo a la actividad.
Todo lo señalado hasta este punto implica un esfuerzo económico-financiero que va más allá de las posibilidades del sector; por tal razón, el
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