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LA MÚSICA
Peter Kreeft

La música es como las imágenes: tiene mayor poder de comunicación que las
palabras. Hoy casi nadie es consciente del poder de la música sobre el espíritu
humano. Los antiguos sí lo fueron. Los griegos, que tenían una música muy primitiva,
se veían tan influidos por ella que atribuyeron su origen a los dioses, a las Musas (ahí
está el origen de la palabra). Platón dedica sólo dos páginas de La República a la
economía del Estado ideal, pero esta obra cuenta con cuarenta páginas consagradas a
la música. Dijo que si este Estado alguna vez se consumaba, decaería en el caso de
que decayese su música. Por ello, dejó sentado que la música era el primer objetivo
en la educación.
¿Quién cree y entiende hoy la historia de los antiguos emperadores de China,
que gobernaron cientos de ciudades por medio de la música? Su reino era demasiado
grande para vigilarlo directamente, por ello los emperadores caminaban por las calles
de la ciudad escuchando la música que tocaban y cantaban los ciudadanos. Si la
música era sana, el emperador sabía que los espíritus de los ciudadanos eran buenos,
y dejaba que los hechos transcurriesen tranquilamente en esa ciudad. Si la música era
inquietante, sabía que los espíritus estaban en discordia y que el Estado corría peligro.
Así enviaba a sus emisarios sólo a las ciudades "disonantes", para analizar y paliar las
enfermedades de aquella sociedad.
Un historiador escribió un libro en el que mostraba que cada revolución política
importante de los tiempos modernos estuvo precedida por una revolución musical. La
música es la antena del espíritu, una profecía de las cosas que van a venir. También
dijo un sabio: "Permitidme escribir los cantos de una nación y no me preocuparé de
sus legisladores".
Alan Bloom observaba, en The closing of the American mind, que los
estudiantes de su colegio "son excesivamente blandos, desapasionados y delicados";
pero la mayor parte de ellos siente pasión por una sola cosa: la música rock. Lo que
nos apasiona es un índice de cuál es el significado más profundo de la vida, el amor
de nuestros corazones, lo que nos mueve.
No pretendo decir con esto que la música rock sea mala, sólo que tiene poder.
El poder puede ser utilizado para el bien o para el mal. Probablemente es necio
pronunciar condenas radicales de todos los géneros de música. Esto se ha hecho
muchas veces, y siempre ha constituido un error.
Los fundamentalistas de hoy condenan todo tipo de música rock, porque
muchos grupos de rock no sólo llevan una vida salvaje, sino que son adoradores de
Satán y utilizan su música para ganarle prosélitos, como si se tratara de una
evangelización a la inversa. Pero incluso el hecho de que la música rock puede ser una
herramienta poderosa para hacer un trabajo diabólico, implica que también puede ser
una poderosa herramienta para hacer algo bueno. Los poderes musicales se parecen a
la energía nuclear: que puede ser terriblemente destructiva o terriblemente
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