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constructiva. Muchas personas, de dentro y de fuera de la industria del rock,
relacionan la música rock con las drogas y el sexo. Esto es lo mismo que relacionar
necesariamente la fisión del átomo con Hiroshima y Nagasaki. Hubo una relación, pero
que no se produjo de manera necesaria. Algunos músicos utilizan el heavy metal para
alabar a Jesús, como Black Sabbath lo hace para alabar a Satán. Se puede encontrar
estéticamente feo -así piensan la mayor parte de las personas que superan los treinta
años-, pero incluso aunque este juicio no obedezca a una reacción subjetiva, sino a
una percepción verdadera de la fealdad inherente a esta música, dicha fealdad no se
puede identificar sin más con el mal moral. Las centrales nucleares son también feas,
pero si producen energía segura y limpia son buenas.
Esto, desde luego, es un gran condicional. Acaso la música rock es tan
poderosa y difícil de controlar que resulta peligrosa, tal y como afirman sus enemigos.
Se trata de un juicio, de un asunto de discernimiento. Las personas inteligentes
discuten los dos aspectos de la energía nuclear y también ambos aspectos de la
música rock. Algunos piensan que la música rock es demasiado violenta y orgiástica
para ser domesticada (lo mismo piensan otros de la energía nuclear). Otros piensan
que sí es domesticable. No trataré de plantear este debate, sólo estableceré una
premisa para el debate: la música puede hacer mucho bien o mucho mal al espíritu.
Creo que la música fea no es una música mala desde el punto de vista moral,
del mismo modo que las pinturas feas (p. e., ¿es una crucifixión una pintura bonita?)
no son pinturas moralmente malas. Pero ¿se puede decir que existe música
estéticamente mala y moralmente buena a la vez?
Esto no tendría sentido en absoluto si la moralidad se refiriese sólo a la justicia,
a los derechos y a los deberes, como sucede en la discusión moderna. Pero si la
moralidad se refiere al ordenamiento o desvío de todo nuestro ser respecto de la
bondad de Dios, entonces todo lo que toca y mueve a nuestro ser es moralmente
relevante. La música, por tanto, también lo es.
¿Todo nuestro ser? La música es algo emocional, no racional ni volitivo. Sí, pero
nuestras opciones morales y nuestro pensamiento están fuertemente influidas por
nuestras emociones. Por eso, la música puede mejorar o deteriorar la conducta moral.
Además de influir en las opciones morales, las emociones pueden ser buenas o
malas, apropiadas o inapropiadas a su objeto. Puede haber un tipo de verdad objetiva
para los sentimientos. Los sentimientos no son tan "antijudicativos" como la mayor
parte de las personas piensan. Existe una verdad en las emociones (y una verdad, por
tanto, en la música que expresa y elicita estas emociones). Por ejemplo, el amor a la
destrucción total o la fascinación ante la violencia son emociones falsas. La
destrucción no es amable. Pero si se la ama, este amor es falaz en relación con la
realidad objetiva. La reverencia a Dios, o incluso hacia las estrellas, es una emoción
auténtica; el amor al dinero no lo es. El aburrimiento ante el cotilleo es un sentimiento
verdadero; no lo es, en cambio, el aburrimiento ante los rostros humanos. Las
emociones pueden ser verdaderas en relación con sus objetos, con la realidad. Por
tanto, puede existir también música verdadera o falsa; aunque es mucho más difícil
de etiquetar que las ideas. La música es más oscura que las ideas, pero es también
más poderosa; como un volcán comparado con una hoguera.
¿Por qué la música puede mover con tanta fuerza hacia el bien o hacia el mal?
He aquí siete razones:
1. La música no puede ser analizada y explicada en otras categorías. El
"mensaje" de la música no puede ser traducido en palabras o imágenes visuales, salvo
mediante la analogía con los colores, en la medida en que éstos puedan ser análogos
a los sonidos (el escarlata es como una trompeta, el azul es como una flauta,
etcétera).

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