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TOMO - I
DERECHO MÉDICO
No basta con que le digamos lo que tiene y lo que haremos (o
hemos decidido hacer) sino que espera nuestra comprensión. En
algunos casos le interesa nuestra “complicidad” o nuestra
prudencia en el informe a sus familiares. A veces son éstos los
que solicitan nuestro silencio. Cada enfermo es un individuo, una
persona no comparable a otra, cada cual requiere una atención
personalizada de su enfermedad y siempre demanda que ella sea
integral.
Lo físico le importa, pero también las posibles consecuencias de
nuestro accionar u omisión. Su presente y su futuro se hacen
visibles en cada consulta médica. Su mente rechaza o acepta el
mal que lo aqueja, no reacciona como quiere, sino que lo hace
como puede y no siempre colaborando con las necesidades de su
búsqueda de ayuda en su relación con nosotros.
Muchas veces escapa consciente o no en un estado de
inseguridad e indefensión simulando una convicción que lejos
está de sentir.
Sus pedidos de ayuda pueden ser enmascarados bajo una actitud
de dudosa expectativa, pueden cuestionar lo incuestionable.
Siempre existe una pregunta latente: ¿porqué a mí? En nosotros
están para él todas las respuestas, nos exige convicción y
claridad en ellas.
Habiendo pasado la época del “paternalismo” y dominio médico
nos encontramos en la etapa de todos los ¿porqué?. La falta de
respuestas adecuadas nos acerca a la demanda oral y/o legal que
tratamos de evitar.
Un paciente que ha demandado una vez nunca más confía en
ningún médico y se halla expuesto al abandono, la angustia y su
futuro es realmente dramático. Se rige por el “nunca más” o el
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Instituto de Capacitación y Desarrollo - ICADE
