quien se ha llevado mi queso.pdf

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Por unos momentos se preguntó si aquello era real o sólo producto de su imaginación,
pero entonces vio a Oli y Corri. Oli le dio la bienvenida con un movimiento de la
cabeza, y Corri lo saludó con la pata. Sus abultadas barriguitas indicaban que llevaban
allí mucho tiempo. Kof les devolvió el saludo y enseguida se puso a probar sus quesos
favoritos. Se quitó las zapatillas y el chándal y lo dobló cuidadosamente, dejándolo a
su lado por si lo necesitaba de nuevo. Cuando hubo comido hasta la saciedad, cogió
un pedazo del nuevo queso y lo alzó hacia el cielo en señal de brindis.
-- ¡Por el cambio!
Mientras saboreaba el nuevo queso, Kof pensó en todo lo que había aprendido. Se
percató de que, mientras había tenido miedo del cambio, se había aferrado a la ilusión
de un queso viejo que ya no existía.
¿Qué lo había hecho cambiar? ¿Había sido el miedo a morir de hambre?
"Bueno, eso también ha contribuido", se dijo Kof.
Entonces se echó a reír y se dio cuenta de que había empezado a cambiar cuando
había aprendido a reírse de sí mismo y de lo mal que estaba actuando. Advirtió que la
manera más rápida de cambiar es reírse de la propia estupidez. Después de hacerlo,
uno ya es libre y puede seguir avanzando.
Supo que había aprendido algo muy útil de Oli y Corri, sus amigos los ratones, sobre el
hecho de avanzar. Los ratones llevaban una vida simple. No analizaban en exceso ni
complicaban demasiado las cosas. Cuando la situación cambió y el queso se movió de
sitio, ellos hicieron lo mismo. Kof prometió no olvidar eso.
Entonces utilizó su maravilloso cerebro para hacer algo que las personitas pueden
hacer mejor que los ratones. Reflexionó sobre los errores cometidos en el pasado y los
utilizó para trazar un plan para su futuro. Supo que uno podía aprender a convivir con
el cambio.
Uno podía ser más consciente de la necesidad de conservar las cosas sencillas, ser más
flexible y moverse más deprisa.
No servía de nada complicar las cosas o confundirse a uno mismo con creencias que
dan miedo. Si uno advertía cuándo empezaban a producirse los cambios pequeños,
estaría más preparado para el gran cambio que antes o después seguramente se
produciría.
Kof se dio cuenta de que era necesario adaptarse deprisa. porque si uno no lo hacía,
tal vez no podría adaptarse jamás.
Tuvo que admitir que el inhibidor más grande de los cambios está dentro de uno
mismo y que las cosas no mejoran para uno mientras uno no cambia. Pero lo más
importante de todo era que, cuando te quedabas sin el queso viejo, en otro lugar
siempre había un nuevo queso, aunque en el momento de la pérdida no lo vieras. Y
que te verías recompensado con ese queso nuevo tan pronto como dejabas atrás los
miedos y disfrutabas con la aventura de la búsqueda.
Supo que el miedo es algo que uno debe respetar, ya que te aparta del peligro
verdadero, pero advirtió que casi todos sus miedos eran irracionales y que lo habían
apartado del cambio, cuando lo que él realmente necesitaba era cambiar.
