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Kif le agradeció el gesto, pero dijo:
- No creo que me guste ese nuevo queso. No estoy acostumbrado a él. Yo quiero que
me devuelvan mi queso, y no voy a cambiar de actitud hasta que eso ocurra.
Kof sacudió la cabeza, decepcionado, y volvió a salir solo. Mientras regresaba al punto
más alejado del laberinto al que había llegado, aunque echaba de menos a su amigo,
le gustaba lo que iba descubriendo. Incluso antes de encontrar lo que esperaba que
fuese una gran reserva de queso nuevo, sí es que llegaba a encontrarla, sabía que no
era sólo tener queso lo que le hacía sentirse feliz.
Se sentía feliz porque no lo dominaba el miedo y porque le gustaba lo que estaba
haciendo en aquellos momentos.
Al darse cuenta de ello, no se sintió tan débil como cuando estaba sin queso en la
Central Quesera "Q". El mero hecho de saber que no permitía que el miedo lo
paralizase y que había tomado una nueva dirección le daba fuerzas.
En esos instantes supo que encontrar lo que necesitaba era sólo cuestión de tiempo.
De hecho, ya había encontrado lo que buscaba.
Sonrió y escribió en la pared:
“Es más seguro buscar en el
laberinto que quedarse de brazos
cruzados sin queso”

Kof advirtió de nuevo, como ya había hecho antes, que lo que nos da miedo nunca es
tan malo como imaginamos. El miedo que dejamos crecer en nuestra mente es peor
que la situación real.
Había temido tanto no encontrar queso que ni siquiera se había atrevido a buscarlo.
Sin embargo, desde que había empezado el recorrido había encontrado queso
suficiente para, sobrevivir. Y esperaba encontrar más. Mirar hacia delante era
excitante.
Su antigua manera de pensar se había visto afectada por temores y preocupaciones.
Antes pensaba en la posibilidad de no tener bastante queso o de que no le durase el
tiempo necesario.
Solía pensar más en lo que podía ir mal que en lo que podía ir bien. Pero eso había
cambiado desde que dejó la Central Quesera "Q".
Antes pensaba que el queso no debía moverse nunca de su sitio y que los cambios no
eran buenos.
Ahora veía que era natural que se produjeran cambios constantes, tanto si uno los
esperaba como si no. Los cambios sólo podían sorprenderte si no los esperabas ni
contabas con ellos.
Cuando advirtió que su sistema de creencias había cambiado, hizo una pausa para
escribir en la pared: