Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf


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las ocupaciones creativas concretas de cada individuo para trasladarse, por las
buenas, al menos, aparentemente, a escribir novelas. Así y no de otra manera
nacieron las producciones novelísticas del principio de los setenta y, si tenemos en
cuenta que la mayoría venía literariamente de otras especialidades, la novedad
casi absoluta del novelar podría sorprender si no hubiera una razón oculta tras
todo aquel tinglado.

Pienso que fueron dos cuestiones: una, la metamorfosis

funcional del hecho creativo y, dos, la razón oculta. La primera es evidente en un
alto porcentaje de los futuros narradores que se evidencian o agolpan en racimo
desde mil novecientos setenta: Juan Cruz Ruiz y Alfonso García-Ramos nacen del
periodismo; Alberto Omar Walls del teatro y cuentos publicados en las páginas
literarias; J. J. de Armas Marcelo, de la poesía; Luis Alemany del relato corto y el
teatro; Rafael Arozarena, de la poesía; Emilio Sánchez Ortiz, del relato corto, la
poesía y el teatro; Luis León Barreto, de la poesía; Luis Ortega, del teatro,
periodismo y la poesía; Femando Delgado de la poesía; Juan Pedro Castañeda, de
la poesía y el teatro; Félix-Francisco Casanova, de la poesía; Elfidio Alonso, del
periodismo, teatro, relato y cine; Orlando Hernández, del teatro; Pedro Perdomo
Azopardo, del periodismo... Quizá los narradores que antes o después hacen
novela en las islas, directamente cogidos de la mano solo del narrar, pueden ser
contados con los dedos de alguna mano: Juan-Manuel García Ramos, Víctor
Ramírez, Esperanza Cifuentes y, desde luego, Isaac de Vega.
La gente de la narrativa ha sabido fabricarse un mejor lugar en el devenir
histórico de nuestra cultura insular. No ha ocurrido así con los protagonistas del
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