Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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prácticamente seguro que accederán antes o después a una perfec­
ta igualdad económica y social, lo que supondrá una metamorfo­
sis interior.
En todo caso, objetarán algunos, si un mundo así es posible,
no es deseable. Cuando la mujer sea «la misma» que su hombre,
la vida perderá la «chispa». Este argumento tampoco es nuevo:
los que tienen interés en perpetuar el presente siempre vierten lá­
grimas sobre el pasado maravilloso que desaparecerá, sin conce­
der ni una sonrisa al joven futuro. Es cierto que al suprimir los
mercados de esclavos se acabaron las grandes plantaciones tan
magníficamente engalanadas con azaleas y camelias, se destruyó
toda la delicada civilización sudista; las antiguas puntillas se han
reunido en los desvanes del tiempo con los timbres tan puros de
los castrados de la Sixtina, y hay un cierto «encanto femenino»
que también podría hacerse humo. Estoy de acuerdo en que es de
bárbaros no apreciar las flores raras, las puntillas, la voz cristalina
de un eunuco, el encanto femenino. Cuando se exhibe en su es­
plendor, la «mujer encantadora» es un objeto mucho más excitan­
te que «las pinturas idiotas, montantes de puertas, decorados, te­
lones de saltimbanquis, enseñas, estampas populares» que tanto
gustaban a Rimbaud; adornada con los artificios más modernos,
trabajada de acuerdo con las técnicas más nuevas, llega desde el
fondo de los tiempos, de Tebas, de Minos, de Chichen Itzá; es
también el tótem plantado en el corazón de la selva africana; es un
helicóptero y es un pájaro; y ésta es la mayor maravilla: bajo sus
cabellos pintados, el rumor de las hojas se convierte en un pensa­
miento y se escapan palabras de sus senos. Los hombres tienden
ávidas manos hacia el prodigio, pero en cuando lo atrapan se des­
vanece; la esposa, la amante, hablan como todo el mundo, con su
boca: sus palabras valen ni más ni menos lo que valen; sus senos
también. Un milagro tan fugitivo -y tan raro-- ¿merece que se
perpetúe una situación que es nefasta para ambos sexos? Pode­
mos apreciar la belleza de las flores, el encanto de las mujeres y
apreciarlos en lo que valen; si estos tesoros se pagan con sangre o
con desgracia, hay que saberlos sacrificar.
El hecho es que este sacrificio parece a los hombres singular­
mente duro; no hay muchos que deseen desde el fondo del cora­
zón que la mujer se llegue a realizar; los que la desprecian no
creen que tengan nada que ganar, los que la adoran son demasia­
do conscientes de lo que tienen que perder; es verdad que la evo­
lución actual no sólo amenaza el encanto femenino: al ponerse a

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