Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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absurdo pretender que la orgía, el vicio, el éxtasis, la pasión serían
imposibles si el hombre y la mujer fueran concretamente semejan
tes; las contradicciones que enfrentan la carne y el espíritu, el ins
tante y el tiempo, el vértigo de la inmanencia y la llamada de la
trascendencia, el absoluto del placer y la nada del olvido, nunca
se resolverán; en la sexualidad siempre se materializarán la ten
sión, el desgarro, la alegría, el fracaso y el triunfo de la existencia.
Liberar a la mujer es negarse a encerrarla en las relaciones que
mantiene con el hombre, pero no negarlas; si se afirma para sí, no
dejará de existir también para él: al reconocerse mutuamente
como sujetos, cada uno seguirá siendo para el otro una alteridad;
la reciprocidad de sus relaciones no suprimirá los milagros que
genera la división de los seres humanos en dos categorías separa
das; el deseo, la posesión, el amor, el sueño, la aventura; las pala
bras que nos conmueven: dar, conquistar, unirse, seguirán tenien
do un sentido; por el contrario, cuando quede abolida la esclavi
tud de la mitad de la humanidad y todo el sistema de hipocresía
que supone, la «seccióm> de la humanidad revelará su auténtico
significado y la pareja humana recobrará su verdadera imagen.
«La relación inmediata, natural, necesaria, del hombre con el
hombre es la relación del hombre con la mujer», dijo Marx4•
«Del carácter de esta relación se deduce hasta qué punto el hom
bre se comprende a sí mismo con ser genérico, como hombre; la
relación del hombre con la mujer es la relación más natural del ser
humano con el ser humano. Se muestra, pues, hasta qué punto el
comportamiento natural del hombre ha pasado a ser humano o
hasta qué punto el ser humano se ha convertido en su ser natu
ral, hasta qué punto su naturaleza humana se ha convertido en su
naturaleza.»
No se puede expresar mejor. En el seno del mundo dado le co
rresponde al hombre hacer triunfar el reino de la libertad; para lo
grar esta victoria suprema es necesario, entre otras cosas, que más
allá de sus diferenciaciones naturales los hombres y mujeres afir
men sin equívocos su fraternidad.
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La cursiva es de Marx.
