Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf

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dinaba el más débil al más fuerte: la diáspora judía, la introduc
ción de la esclavitud en América, las conquistas coloniales, son
acontecimientos fechados. En estos casos, para los oprimidos
hubo un antes: tienen en común un pasado, una tradición, a me
nudo una religión, una cultura. En este sentido consideramos per
tinente la relación que estableció Bebel entre las mujeres y el pro
letariado: los proletarios tampoco están en inferioridad numérica
y nunca constituyeron un colectivo separado. No obstante, a falta
de un acontecimiento, un desarrollo histórico explica su existen
cia como clase y da cuenta de la distribución de estos individuos
en esta clase. No siempre hubo proletarios, pero siempre ha habi
do mujeres; lo son por su estructura fisiológica; por mucho que
nos remontemos en la historia, siempre han estado subordinadas
al hombre: su dependencia no es la consecuencia de un aconteci
miento o de un devenir, no ha acontecido. En parte porque esca
pa al carácter accidental del hecho histórico, la alteridad se nos
presenta aquí como un absoluto. Una situación que se ha creado a
través del tiempo puede deshacerse en otro tiempo: por ejemplo,
los negros de Haití lo han demostrado; sin embargo, al parecer
una condición natural es obstáculo para el cambio. En realidad, la
naturaleza no es un hecho inmutable, como tampoco lo es la rea
lidad histórica. Si la mujer se descubre como lo inesencial que
nunca se convierte en esencial, es porque no opera ella misma esa
inversión. Los proletarios dicen «nosotros». Los negros también.
Al afirmarse como sujetos, transforman en «otros» a los burgue
ses, a los blancos. Las mujeres -salvo en algunos congresos que
no pasan de manifestaciones abstractas- no dicen «nosotras»;
los hombres dicen «las mujeres» y ellas retoman estas palabras
para autodesignarse, pero no se afirman realmente como Sujetos.
Los proletarios hicieron la revolución en Rusia, los negros en
Haití, los indochinos luchan en Indochina: la acción de las muje
res nunca ha pasado de ser una agitación simbólica, sólo han ga
nado lo que los hombres han tenido a bien concederles; ellas no
han tomado nada: han recibido5. Es porque no tienen medios con
cretos para agruparse en una unidad que se afirme al oponerse.
No tienen pasado, historia, religión propias; tampoco tienen como
los proletarios una solidaridad de trabajo y de intereses; ni siquie
ra existe entre ellas esa promiscuidad espacial que convierte a los
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Véase segunda parte, V.
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