Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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La categoría de Otro es tan originaria como la conciencia
misma. En las sociedades más primitivas, en las mitologías más
antiguas, encontramos siempre una dualidad que es la de lo Mis­
mo y lo Otro; esta división no se situó en un principio bajo el sig­
no de la división de sexos, no depende de ningún dato empírico:
es lo que se deduce, por ejemplo, de los trabajos de Granet sobre
el pensamiento chino, de los de Dumézil sobre India y Roma. En
los binomios Varuna-Mitra, Urano-Zeus, Sol-Luna, Día-Noche,
no está implicado en principio ningún elemento femenino, como
tampoco en la oposición del Bien y el Mal, de los principios fas­
tos o nefastos, de la derecha y de la izquierda, de Dios y de Luci­
fer; la alteridad es una categoría fundamental del pensamiento hu­
mano. Ningún colectivo se define nunca como Uno sin enunciar
inmediatamente al Otro frente a sí. Basta que tres viajeros se reú­
nan por azar en un mismo compartimento para que el resto de los
viajeros se conviertan en «otros» vagamente hostiles. Para el al­
deano, todas las personas que no pertenecen a su aldea son
«otros» sospechosos; para el nativo de un país, los habitantes de
países que no son el suyo aparecen como «extranjeros»; los judíos
son «otros» para el antisemita, los negros para los racistas nortea­
mericanos, los indígenas para los colonos, los proletarios para las
clases pudientes. Al cabo de un estudio profundo sobre las diferen­
tes figuras de las sociedades primitivas, Lévi-Strauss concluyó:
«El paso del estado de Naturaleza al de Cultura se define por la ap­
titud que tiene el hombre para concebir las relaciones biológicas
en forma de sistemas de oposiciones: la dualidad, la alternancia, la
oposición y la simetría, presentadas en formas definidas o impre-

nero? Pienso que lo contrario, absolutamente contrario, cuya contrariedad no se
ve afectada en absoluto por la relación que se puede establecer entre él y su co­
rrelato, la contrariedad que permite seguir siendo absolutamente otro, es lo fe­
menino. El sexo no es una diferencia específica cualquiera... La diferencia de
sexos tampoco es una contradicción... No es tampoco la dualidad de dos térmi­
nos complementarios, porque dos términos complementarios suponen un todo
preexistente ... La alteridad se hace realidad en lo femenino. Término del mismo
rango, pero de sentido opuesto al de conciencia.»
Supongo que Lévinas no olvida que la mujer es también conciencia para sí.
Sin embargo, es curioso que adopte deliberadamente un punto de vista de hom­
bre, sin señalar la reciprocidad del sujeto y del objeto. Cuando escribe que la
mujer es misterio, se sobrentiende que es misterio para el hombre. De este
modo, una descripción que pretende ser objetiva es en realidad una afirmación
del privilegio masculino.

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