Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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un hombre me dice: «Usted piensa tal cosa porque es una mujern;
yo sabía que mi única defensa era contestar: «Lo pienso porque es
verdad», eliminando así mi subjetividad; no podía replicar: «Y
usted piensa lo contrario porque es un hombre», pues se da por
hecho que ser un hombre no es una singularidad; un hombre está
en su derecho de ser hombre, la que se equivoca es la mujer. En la
práctica, igual que en la Antigüedad había una línea vertical abso­
luta con respecto a la cual se definía la oblicua, existe un tipo hu­
mano absoluto que es el tipo masculino. La mujer tiene ovarios,
útero; son condiciones singulares que la encierran en su subjetivi­
dad; se suele decir que piensa con las glándulas. El hombre olvi­
da olímpicamente que su anatomía también incluye hormonas,
testículos. Percibe su cuerpo como una relación directa y normal
con el mundo, que cree aprehender en su objetividad, mientras
que considera el cuerpo de la mujer lastrado por todo lo que lo es­
pecifica: un obstáculo, una prisión. «La hembra es hembra en vir­
tud de una determinada carencia de cualidades», decía Aristóte­
les. «Tenemos que considerar el carácter de la mujer como natu­
ralmente defectuoso.» Y Santo Tomás decreta a continuación que
la mujer es un «hombre fallido», un ser «ocasional». Es lo que
simboliza la historia del Génesis, donde Eva aparece como saca­
da, en palabras de Bossuet, de un «hueso supernumerario» de
Adán. La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer,
no en sí, sino en relación con él; la mujer no tiene consideración
de ser autónomo. «La mujer, el ser relativo... », escribe Michelet.
Benda afirma también en Le Rapport d'Uriel: «El cuerpo del
hombre tiene un sentido en sí mismo, al margen del cuerpo de la
mujer, mientras que este último parece desvalido si no evocamos
al hombre... El hombre se concibe sin la mujer. Ella no se conci­
be sin el hombre.» Y ella no es más que lo que el hombre decida;
así recibe [en francés] el nombre de «el sexo» queriendo decir con
ello que para el varón es esencialmente un ser sexuado: para él, es
sexo, así que lo es de forma absoluta. La mujer se determina y se
diferencia con respecto al ho,mbre, y no a la inversa; ella es lo ine­
sencial frente a lo esencial. El es el Sujeto, es el Absoluto: ella es
la Alteridad3.
3 Esta idea la expresó en su forma más explícita E. Lévinas en su ensayo so­
bre El tiempo y el otro. Se expresaba así: «¿No habrá una situación en la que un
ser asuma la alteridad a título positivo, como esencia? ¿Cuál es la alteridad que
no entra pura y simplemente en Ja oposición de las dos especies del mismo gé-

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