Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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hembra es necesariamente una mujer; necesita participar de esta
realidad misteriosa y amenazada que es la feminidad. ¿Se trata de
algo que segregan los ovarios? ¿Está colgada del cielo de Platón?
¿Bastarán unas enaguas susurrantes para que baje a la tierra?
Aunque algunas mujeres se afanen en encarnarlo, el modelo nun­
ca ha sido patentado. Se suele describir en términos vagos y re­
lumbrantes que parecen tomados del vocabulario de las videntes.
En tiempos de Santo Tomás, se presentaba como una esencia
definida con tanta seguridad como las virtudes somníferas de la
adormidera. Sin embargo, el conceptualismo ha perdido terreno:
las ciencias biológicas y sociales ya no creen en la existencia de
entidades fijadas de forma inmutable que definan caracteres da­
dos como los de la mujer, el judío o el negro; consideran que el
carácter es una reacción secundaria ante una situación. Si ya no
hay feminidad, será porque nunca la hubo. ¿Quiere eso decir que
la palabra «mujer» no tiene ningún contenido? Es lo que afirman
enérgicamente los partidarios de la filosofía de la ilustración, del
racionalismo, del nominalismo: las mujeres son aquellos seres
humanos que reciben arbitrariamente el nombre de «mujern; en
particular, las estadounidenses suelen pensar que la mujer como
tal es algo improcedente; si alguna retrasada se sigue consideran­
do una mujer, sus amigas le aconsejan que se psicoanalice con el
fin de librarse de esta obsesión. A propósito de una obra, por otra
parte muy irritante, titulada Modern Woman: a lost sex, Dorothy
Parker escribió: «No puedo ser justa con los libros que se ocupan
de la mujer como mujer... Yo creo que todos, hombres y mujeres,
no importa, debemos ser considerados seres humanos.» Sin em­
bargo, el nominalismo es una doctrina un tanto limitada, y los an­
tifeministas tienen muy fácil la demostración de que las mujeres
no son hombres. Es evidente que la mujer es un ser humano como
el hombre, pero una afirmación de este tipo es abstracta; la reali­
dad es que todo ser humano concreto siempre tiene un posiciona­
miento singular. Negar las nociones de eterno femenino, de alma
negra, de carácter judío, no es negar que existan los judíos, los ne­
gros, las mujeres: esta negación no representa para los interesados
una liberación, sino una huida engañosa. Es obvio que ninguna
mujer puede pretender de buena fe situarse más allá de su sexo.
Una escritora conocida se negó hace algunos años a que su retra­
to figurara entre una serie de fotografías consagradas precisamen­
te a las escritoras: quería que la colocasen con los hombres, pero
para obtener este privilegio utilizó las influencias de su marido.
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