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TOTALITARISMO
también sus organizaciones frontales para competir con íos grupos puramen
te profesionales. La diferencia entre íos nazis y los bolcheviques en este aspec
to fue sólo que los nazis presentaban una pronunciada tendencia a considerar
a estas formaciones paraprofesionales como parte de la élite del partido,
mientras que los comunistas preferían reclutar de ellas el material para sus
organizaciones frontales. El factor importante para los movimientos es que,
incluso antes de conquistar el poder, daban la impresión de que todos los ele
mentos de la sociedad se hallaban representados en sus filas (el objetivo ulti
mo de la propaganda nazi consistía en organizar a todo el pueblo alemán
como simpatizantes)77. Los nazis dieron un paso más en este juego y estable
cieron una serie de departamentos ficticios, modelados conforme a íos
Ministerios de Administración regular del estado, tales como su propio
Departamento de Asuntos Exteriores, Educación, Cultura, Deporte, etc.
Ninguna de estas instituciones poseía más valor profesional del que poseía la
imitación del ejército representada por las tropas de asalto, pero juntas crea
ron un mundo perfecto de apariencias en el que cada realidad del mundo no
totalitario era servilmente duplicada en forma fraudulenta.
Esta técnica de duplicación ciertamente inútil para el derrocamiento
directo del gobierno demostró ser extremadamente fructífera en la tarea de
minar activamente las instituciones existentes y en la «descomposición del statu quo»78, que invariablemente prefieren las organizaciones totalitarias a una
abierta demostración de fuerza. SÍ es tarea de los movimientos «abrirse cami
no como pólipos hacia todas las posiciones de poder»79, entonces tienen que
estar dispuestos para ocupar cualquier específica posición social o política.
Conforme con su reivindicación de una dominación total, se considera que
cada grupo singular organizado de la sociedad no totalitaria presenta un reto
específico que exige que el movimiento lo destruya; cada uno de esos grupos
precisa, por así decirlo, un instrumento específico de destrucción. El valor
práctico de las falsas organizaciones surgió a la luz cuando íos nazis conquis
taron el poder y se mostraron inmediatamente dispuestos a destruir la orga
nización existente de maestros mediante una organización de maestros, los
existentes colegios de abogados medíante una asociación de abogados patro
cinada por los nazis, etc. De la mañana a la noche pudieron cambiar toda la
estructura de la sociedad alemana y no simplemente la vida política —preci
samente porque habían preparado su duplicado exacto dentro de sus propias
77 Hitler, op. cit,, libro II, cap. XI, declara que la propaganda trata de imponer una doctrina a todo
un pueblo, mientras que la organización incorpora sólo a una proporción relativamente pequeña de
sus miembros más militantes. Compárese también con G. Neesse, op. cit.
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7S Hitler, op. dt., loe. cit.
79 Hadamovsky, op. cit, p. 27.
