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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO
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autoridad indiscutible. A pesar de estos arreos militaristas, la facción interna
de los nazis que era primariamente nacionalista y militarista, y que por eso
consideraba a las unidades paramilitares no simplemente como formaciones
del partido, sino como un ensanchamiento ilegal de la Reichswehr (que ha
bía sido restringida por las cláusulas del Tratado de Paz de Versalles), fue la
primera en ser liquidada. Rohm, el jefe de las tropas de asalto SA, había des
de luego soñado, y había negociado después de que los nazis conquistaran el
poder, la incorporación de sus SA a la Reichswehr. Fue asesinado por Hitler
porque trataba de transformar el nuevo régimen nazi en una dictadura mili
tar76. Hitler había recalcado varios años antes que semejante evolución no era
deseada por el movimiento nazi cuando relevó a Rohm (un auténtico solda
do, cuya experiencia en la guerra y en la organización de la Reichswehr le ha
brían hecho indispensable en un programa serio de preparación militar) de
su posición como jefe de las SA y escogió, como reorganizador de las SS, a
Himmler, un hombre sin el más leve conocimiento de cuestiones militares.
Aparte de la importancia de las formaciones de élite para la estructura
organizativa del movimiento, donde constituyen el núcleo cambiante de la
militancia, su carácter paramilitar debe ser comprendido en relación con
otras organizaciones profesionales del partido, tales como las de maestros,
abogados, médicos, estudiantes, profesores universitarios, técnicos y obreros.
Todas estas organizaciones eran primariamente duplicados de las existentes
asociaciones profesionales no totalitarias, paraprofesionales de la misma
manera que las tropas de asalto eran paramilitares. Resultó característico que
cuanto más claramente se convirtieron los partidos comunistas europeos en
ramas de un movimiento bolchevique dirigido desde Moscú, más emplearon
76 La autobiografía de Rohm muestra claramente cuán poco coincidían sus convicciones políticas
con las de los nazis. Él deseó siempre un Soídatenstmt y siempre insistió en la «Prirnat des Soldaten
vor dem Polittker» (op. cit., p. 349). Especialmente revelador por su actitud no totalitaria, o más bien
incluso por su incapacidad para comprender el totalitarismo y su reivindicación «total», es el siguien
te pasaje: «No veo por qué tienen que ser incompatibles las tres cosas siguientes: mi lealtad al prínci
pe heredero de la Casa de los Wíttelsbach y heredero de la corona de Baviera; mi admiración por el
contramaestre-general de la Guerra Mundial [es decir, Ludendorff], que hoy encama la conciencia
del pueblo alemán; y mi camaradería con e! heraldo y portador de la lucha política Adolf Hitler» (p.
348). Lo que, en definitiva, costó a Rohm su cabeza fue que, tras la conquista del poder, concibió
una dictadura fascista según el modelo del régimen italiano, en la que el partido nazi «rompería las
cadenas del partido» y «se convertiría él mismo en el estado», que era exactamente lo que Hitler pre
tendía evitar en cualquier circunstancia. Véase Wetrum SA?, de Ernst Rohm, discurso ante el cuerpo
diplomático en diciembre de 1933, Berlín, sin fecha.
Dentro del partido nazi nunca se olvidó por completo, al parecer, la posibilidad de un complot
SA-Reichswehr contra la dominación de las SS y la policía. Hans Frank, gobernador general de Polo
nia, en 1942, ocho años después del asesinato de Rohm, fue considerado sospechoso de desear, «des
pués de la guerra..., inaugurar la gran lucha por la justicia [contra las SS] con la ayuda de las fuerzas
armadas y de las SA» (Nazy Compiracy, VI, 747).
