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MANUSCRITOS DE ECONOMfA Y FILOSOFfA
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De esta relación de la renta de la tierra con el interés del
dinero se desprende que las rentas han de descender cada
vez más, deforma que, por último, sólo los más ricos pue
dan vivir de ellas. Por consiguiente, competencia cápa vez
mayor entre los terratenientes que no arrienden sus tierras.
Ruina de una parte de ellos, reiterada acumulación d�l gran
latifundio.
[XVII]
Esta competencia tiene, además, como conse
cuencia que una gran parte de la propiedad territorial cae en
manos de los capitalistas y éstos se convierten así, al mismo
tiempo, en terratenientes, del mismo modo que los peque
ños terratenientes no son ya más que capitalistas. Igualmen
te una parte del gran latifundio se convierte en propiedad
industrial.
La consecuencia última es, pues, la disolución de la dife
rencia entre capitalista y terrateniente, de manera tal que, en
conjunto, no hay en lo sucesivo más que dos clases de pobla
ción, la clase obrera y la clase capitalista. Esta comercializa
ción de la propiedad territorial, la transformación de la pro
piedad de la tierra en una mercancía es el derrocamiento
definitivo de la vieja aristocracia y la definitiva instauración
de la aristocracia del dinero.
1)
No compartimos las sentimentales lágrimas que los
románticos vierten por esto. Éstos confunden siempre la
abominación que la
comercialización de la tierra implica,
con la consecuencia, totalmente racional, necesaria dentro
del sistema de la propiedad privada y deseable, que va con
tenida en la comercialización de la propiedad privada de la
tierra. En primer lugar, la propiedad de la tierra de tipo feu
dal es ya, esencialmente, la tierra comercializada, la tierra
extrañada para el hombre y que por eso se le enfrenta bajo la
'
figura de unos pocos grandes señores.
Ya en la propiedad territorial feudal está implícita la
dominación de la tierra como un poder extraño sobre los
hombres. El siervo de la gleba es un accidente de la tierra.
