Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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MANUSCRITOS DE ECONOMfA Y FILOSOF1A

Pero observemos ahora la renta de la tierra, tal como se
configura en el tráfico real.
La renta de la tierra es establecida � <liante la lucha entre
arrendatario y terrateniente. En la Ecortomía Política cons­
tantemente nos encontramos como fundamento de la orga­
nización social la hostil oposición de intereses; la lucha, la
guerra. Veamos ahora cómo se sitúan, el uno respecto .al
otro, terrateniente y arrendatario.
Al estipularse las cláusulas del arrendamiento, el propietario trata de

no dejar al colono sino aquello que es necesario para mantener el ca­
pital que proporciona la simiente, paga el trabajo, compra y mantie­

ne el ganado, conjuntamente con los otros instrumentos de labor, y
además, los beneficios ordinarios del capital destinado a la labranza
en la región. Manifiestamente esto es lo menos con que puede con­
tentarse un colono para no perder; el propietario, por su parte, raras
veces piensa en entregarle algo más. Todo lo que resta del producto,
o de su precio, por encima de esa porción, cualquiera que sea su na­
turaleza, procura reservárselo el propietario como renta de su tierra,
y es evidentemente la renta más elevada que el colono se halla en
condiciones de pagar, habida cuenta de las condiciones de la tierra
[IV] . Ese remanente es lo que se puede considerar siempre como
renta natural de la tierra, o la renta a que naturalmente se suelen
arrendar la mayor parte de las tierras. (Smith, tomo I, págs. 299-300) .
Los terratenientes -dice Say- ejercen una especie de monopolio
frente a los colonos. La demanda de su mercancía, la tierra y el sue­
lo, puede extenderse incesantemente; pero la cantidad de su mer­
cancía sólo se extiende hasta un cierto punto... El trato que se con­
cluye entre terratenientes y colonos es siempre lo más ventajoso
posible para los primeros... además de la ventaja que saca de la na­
turaleza de las cosas, consigue otra de su posición, su mayor patri­
monio, crédito, consideración; ya sólo el primero lo capacita para
ser el único en beneficiarse de las circunstancias de la tierra y el sue­
lo. La apertura de un canal, de un camino, el progreso de la pobla­
ción y del bienestar de un distrito, elevan siempre el precio de los
arrendamientos. Es cierto qqe el colono mismo puede mejorar el
terreno a sus expensas, pero él sólo se aprovecha de este capital du­
i;-ante la duración de su arrendamiento, a cuya conclusión pasa al
propietario; a partir de ese momento es éste quien obtiene los inte-