Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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M E D IT A C IO N E S

M E T A F ÍS IC A S

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de todo, que entiende, sin embargo, ciertas cosas, que afir­
ma ser ésas solas las verdaderas, que niega todas las demás,,
que quiere conocer otras, que no quiere ser engañado *, que
imagina muchas cosas —-aun contra su voluntad— y que
siente también otras muchas, por mediación de los órganos
de su cuerpo? ¿Hay algo de esto que no sea tan verdadero
como es cierto que soy, que existo, aun en el caso de que
estuviera siempre dormido, y de que quien me ha dado el
ser30 empleara todas sus fuerzas en burlarme? ¿Hay alguno
de esos atributos que pueda distinguirse de mi-pensamiento,
o que pueda estimarse separado de mí mismo? Pues es de
suyo tan evidente que soy yo quien duda, entiende y desea,
que no hace falta añadir aquí nada para explicarlo. Y tam­
bién es cierto que tengo la potestad de imaginar: pues aun­
que pueda ocurrir (como he supuesto más arfiba) que las co­
sas que imagino no sean verdaderas, con todo, ese poder
de imaginar no deja de estar realmente en mí, y forma
parte de mi pensamiento. Por último, también soy yo el
mismo que siente, es decir, que recibe y conoce las cosas
como a través de los órganos de los sentidos, puesto que, en
efecto, veo la luz, oigo el ruido, siento el calor. Se me dirá,
empero, que esas apariencias son falsas, y qüe estoy dur­
miendo. Concedo que así sea: de todas formas, es al menos
muy cierto que me parece ver, oír, sentir calor, y eso es
propiamente lo que en mí se Дата sentir, y, así precisa­
mente considerado, no es otra cosa que «pensar». Por
donde empiezo a conocer qué soy, con algo más de claridad
y distinción que antes.
Sin embargo, no puedo dejar de creer que las cosas
corpóreas, cuyas imágenes forma mi pensamiento y que los
sentidos examinan, son mejor conocidas que esa otra parte,
no sé bien cuál, de mí mismo que no es objeto de la imagi­
nación: aunque desde luego es raro que yo conozca más
clara y fácilmente cosas que advierto dudosas y alejadas dé
mí, que otras verdaderas, ciertas y pertenecientes a mi
propia naturaleza. Mas ya veo qué ocurre: mi espíritu se
complace en extraviarse, y aun no puede mantenerse en los
justos límites de la verdad. Soltémosle, pues, la rienda una
vez más, a fin de poder luego, tirando dé ella suave y oportu­
namente, contenerlo y guiarlo con más facilidad.
Empecemos por considerar las cosas que, común­
mente, creemos comprender con mayor distinción, a saber:
los cuerpos que tocamos y vemos. No me refiero a los
*
En G . Morente (p. 101), hay errata: «qu e quiere ser enga­
ñado», en lugar de «q u e no q u iere/.,» (N. del T.)