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m e d it a c io n e s
/ d es c a r te s
que una cosa que piensa, es decir, un espíritu, un enten
dimiento o una razón, términos cuyo ; significado me. era
antes desconocido. Soy, entonces, una cosa verdadera, y ver
daderamente existente. Mas ¿qué cosa? Ya lo he dicho: una
cosa que piensa. ¿Y qué más? Excitaré aún mi imaginación,
a fin de averiguar si no soy algo más. No soy esta reunión
de miembros llamada cuerpo humano; no soy un aire sutil
y penetrante, difundido por todos esos miembros; no soy
un viento, un soplo, un vapor, ni nada de cuanto pueda
fingir e imaginar, puesto que ya he dicho que todo eso no
era nada. Y, sin modificar esc supuesto, hallo que no dejo
de estar cierto de que soy algo.
Pero acaso suceda que esas mismas cosas que supon
go sers puesto que no las conozco, no sean'en efecto dife
rentes de mí, a quien conozco. Nada sé del caso: de eso no
disputo ahora, y sólo puedo juzgar de las cosas que conoz
co: ya sé que soy, y eso sabido, busco saber qué soy. Pues
bien: es certísimo que ese conocimiento de mí mismo, ha
blando con precisión, no puede depender de cosas cuya
existencia aún me es desconocida, ni por consiguiente, y con
mayor razón, de ninguna de las que son fingidas e inven
tadas por la imaginación. R incluso esos términos de: «fin
gir» e «imaginar» me advierten de mi error: pues en efec
to yo haría algo ficticio, si imaginase ser alguna cosa, pues
«imaginar» no es sino contemplar la figura o «imagen» de
una cosa corpórea. Ahora bien: ya sé de cierto que soy y
que, a la vez, puede ocurrir que todas esas imágenes y, en
general, todas las cosas referidas a la naturaleza del cuerpo,
no sean más que sueños y quimeras. Y , en consecuencia,
veo claramente que decir «excitaré mi imaginación para
saber más distintamente qué soy» es tan poco razonable
como decir «ahora estoy despierto, y percibo algo real y
verdadero, pero como no lo percibo aún con bastante clari
dad, voy a dormirme adrede para que mis sueño? me lo
representen con mayor verdad y evidencia». Así, pues, sé
con certeza que nada de lo que puedo comprender por
medio de la imaginación pertenece al conocimiento que ten
go de mí mismo, y que es preciso apartar el espíritu de esa
manera de concebir, para que pueda conocer con distinción
su propia naturaleza.
¿Qué soy, entonces? Uña cosa que piensa. Y ¿qué es
una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende,
que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que ima
gina también, y que siente. Sin duda no es poco, si todo
eso pertenece a mi naturaleza. ¿Y por qué no habría de
pertenecerle? ¿Acaso no soy yo el mismo que duda casi ,
