LA ÉTICA DE PLATÓN.pdf


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ser establecido por su educación, pero esta no es determinante. Platón cree que
hay zapateros natos y gobernantes natos.
La justicia en el alma consiste en que cada parte desarrolle la función
propia que le ha sido asignada con la debida armonía y con la subordinación
propia de lo inferior a lo superior. Un individuo es sabio porque la razón gobierna
en él y valiente porque el alma pasional ejerce su papel. Y un individuo tiene
templanza si su razón gobierna sus deseos corporales. Pero la justicia no
pertenece a esta o aquella parte o relación del alma, sino a su ordenamiento
total. Con esta concepción de la salud del alma basada en la perfecta
organización de sus partes, la sofística recibió la respuesta definitiva en cuanto
a la ética. Platón puso fin a la controversia “fisis frente a nomos”, naturaleza o
ley, porque el alma sana y natural se expresa en actos legales y justos. La ética
está dirigida al logro del supremo bien del hombre, cuya posesión le proporciona
verdadera felicidad. El bien supremo del hombre es desarrollarse como ser
racional y moral, el constante cultivo de su alma, el bienestar general y
armonioso de su vida.
2. Intelectualismo moral
Según el Intelectualismo moral, la conducta moral sólo es posible si
descansa en el conocimiento del bien y la justicia. La filosofía griega defiende
en mayor o menor medida el intelectualismo moral, pero sin duda el
representante más destacado de este punto de vista es Sócrates.
La tesis principal del intelectualismo moral es la siguiente: la experiencia moral
se basa en el conocimiento del bien. Sólo si se conoce qué es el bien y qué
es la justicia, se puede realizar el bien y la justicia.
Esto lo argumenta Sócrates de la siguiente manera: cuando uno de vosotros está enfermo no
propone una votación entre los miembros de la familia para establecer qué remedio es adecuado
para curar la enfermedad: ocurre más bien que llama al médico y se somete a su juicio y
recomendaciones; cuando un ejército quiere derrotar al enemigo no se realiza una consulta
popular para establecer el modo de atacar, es el estratega quien decide el modo de dirigir a los
soldados y plantear las batallas; cuando queremos levantar un edificio no hacemos una votación
para decidir el modo de construirlo, dejamos que sea el arquitecto quien imponga su criterio. Y
pregunta a continuación Sócrates: ¿Por qué cuando se trata de lo más importante de todo, que
es el bien de la ciudad y las leyes que son adecuadas para la convivencia entre los ciudadanos,
dejamos que todo el mundo opine y nos sometemos a la mayoría y no llamamos a aquél que
sabe?

Para el intelectualismo moral los asuntos morales y políticos tienen que
ser cosa de expertos. Esta propuesta socrática puede dar lugar a
interpretaciones políticas antidemocráticas y elitistas (como, por cierto, se ve
claramente en la filosofía política de su discípulo Platón).
El punto de vista de Sócrates está viciado por cierta ambigüedad: cuando
Sócrates pide que el conocimiento sea la base de la moral y la política ¿a qué
conocimiento se refiere? Podemos distinguir entre el saber hacer algo y el saber
en qué consiste ese algo. Por ejemplo, el artista sabe hacer belleza, pero es muy
posible que no sepa en qué consiste la belleza, ni qué pasos concretos hay que
seguir para alcanzarla. El primer tipo de saber es un saber entendido como