LA ÉTICA DE PLATÓN.pdf


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1.1 Etapa de juventud (diálogos socráticos)
En los diálogos socráticos, Platón investiga sobre la definición de alguna virtud
y, aunque no llegó a una conclusión, sí fue fiel al principio central socrático: la
virtud puede reducirse a sabiduría o conocimiento, con su corolario todas las
virtudes son una.
En el “Càrmides” encontramos en germen la doctrina central de la República: los males de la
comunidad sólo desaparecerán cuando el poder político se combine con el conocimiento de un
criterio moral universal. El gobernante tiene que poseer “una clase única de saber que tiene por
objeto el bien y el mal”. Este conocimiento le proporcionará criterios universales válidos para
"juzgar" las acciones humanas.

En el “Protágoras”, todo malhechor es un ignorante, dice Sócrates. He aquí,
el intelectualismo moral.
1.2 Etapa de transición (diálogos de transición)
Platón no define el Bien, pero diseña un Estado con el tipo de vida común
necesario para que lo Bueno sea disfrutado por toda la población. Esta tarea la
desarrolla en el diálogo República.
1.3 Etapa de madurez (diálogos de madurez)
En cuanto al alma, en la “República” encontramos la teoría de la naturaleza
tripartita del alma (que vuelve a aparecer en Fedro y en Timeo):
la parte racional, o capacidad de deliberar y pensar, caracterizada como
inmortal;
la parte irascible o fogosa del carácter humano; y
la parte apetitiva, el deseo natural de bienestar material y de satisfacciones
físicas.
Estas dos últimas son perecederas.
Platón consideraba las partes del alma como las motivaciones del
comportamiento humano y no como partes en el sentido material, aunque
en Timeo, Platón sitúa la parte racional en la cabeza, la parte irascible en el
pecho y la apetitiva bajo el diafragma.
Que hay partes en el alma se infiere, según Platón, por la presencia de conflictos de
motivaciones. Platón parte del hecho empírico de que a menudo rivalizan dentro
del hombre distintos móviles de la acción. El elemento de deseo se distribuye en las tres partes,
cada una de las cuales tiene sus propias apetencias y placeres. La parte racional desea conocer;
la fogosa anhela honor y la apetitiva, riqueza como medio de gratificación sensual. A ellas les
corresponden tres tipos de carácter, cada uno de los cuales persigue el tipo de placer que le es
propio. Los hombres, pues, se agrupan en tres clases según la parte del alma que los domina
(filósofos, guardianes y productores), y esta división es la exigida por el Estado tripartito.

Al hacer esta clasificación, Platón tiene un interés fundamentalmente ético:
insistir en que el elemento racional del alma es el superior y el que por naturaleza
tiene que gobernar a los otros. El grupo social al que pertenece un hombre puede