El asesinato del anticaries.pdf

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Odio las caries, por el dolor y el trance, espantoso, de concurrir al dentista.
Pero sospeché siempre que los dentistas subliman las caries porque es el sostén
de su trabajo, y el de todos los que venden algo para pacificarlas.
Esta vez el amor desemboca en el odio, su trasluz, y la torre negra de ocho
caballo rey lo asesina, al infiel, al pagano, al disidente, al réprobo, al innoble.
Junto a la pileta del baño, en el vaso que se usa para poner el cepillo de dientes
y la pasta dental, la prótesis dental completa es la firma, el sello mafioso.
Crezco en la seguridad de la explicación certera, del desagravio que le traerá
algún sosiego al muerto asesinado, aunque a él ya quizás no le interese.
Cada alumno es probable elija un camino de análisis distinto, a veces sumando
se averigua lo sucedido.
Así dicen pero no estoy seguro, por lo menos en este caso incordioso, la clave
de las conexiones estaba fuera del relato del lugar del hecho y lo que se
encontró, aún la disidencia entre la dentadura propia en perfecto estado y la
prótesis dental completa, no alcanza, conduce a senderos sin salida del
laberinto de buscar un hombre ilusorio que olvidó su prótesis.
Mi duda no versa sobre la certeza que tengo, orilla la legitimidad de haber
usado el título La vaca, para imaginar la vacuna anticaries encontrada por el
hombre que mataron, y flaco, desnutrido, uñas crecidas, algunas rotas, tenía,
como en un mundo de lo absurdo, a salvo su dentadura.
Fue en ese entonces cuando avizoré que alcanzar el fondo de cualquier cuestión
está en el hombre, en el lugar solo hay pistas; y su voluntad, la voluntad del
profesor, la mía, son campanas que repican en el cielo de los muertos
asesinados.
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