Informe Pandemia 241121.pdf


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de carbono, proporcionando presiones parciales de 100 mmHg y 40 mmHg de
estos gases en sangre, respectivamente; proporción, que se ve claramente
alterada al respirar con una mascarilla. El aire capturado entre la mascarilla y
nuestra cara, es reinhalado repetidas veces, conteniendo bajas concentraciones
de los dos gases antes mencionados, pudiendo producir hipoxemia (reducción
del valor en sangre arterial de la presión parcial de O2 inferior a 60 mmHg) e
hipercapnia (aumento de la presión parcial arterial de CO2 igual o mayor a 50
mmHg). La hipoxemia severa, puede
además, provocar problemas
cardiopulmonares y neurológicos. Bajos niveles de oxígeno en la sangre arterial,
pueden provocar isquemia miocárdica (reducción del flujo sanguíneo al
corazón, reduce la capacidad del músculo cardíaco de bombear sangre), serias
arritmias (es un trastorno de la frecuencia cardíaca (pulso) o del ritmo cardíaco),
disfunción ventricular izquierda o derecha (es cualquier forma de alteración
del funcionamiento cardíaco que se origina en los ventrículos), mareos,
hipotensión, síncope (es una pérdida brusca y temporal de la conciencia y del
tono postural, de duración breve y con recuperación espontánea) e hipertensión
pulmonar (es un tipo de presión arterial alta que afecta a las arterias de los
pulmones y al lado derecho del corazón). Además de las anteriormente citadas, el
uso de la mascarilla, puede tener otras consecuencias: pérdida de masa
muscular por la falta de oxígeno; eritemas (inflamación de la epidermis
produciendo dermatitis de contacto por irritación de las sustancias químicas
propias de las mascarillas (especialmente formaldehido y tolueno),así como el
desarrollo de futuras alergias cutáneas por rechazo de tales sustancias), y el
agravamiento de patologías cutáneas faciales ya existentes (se han
multiplicado los casos de dermatitis bucal y proliferación fúngica (hongos));
rinitis (así como a nivel oral podría producirse cuadros de sequedad bucal e
infecciones fúngicas por la mayor temperatura y humedad presentes en el
compartimento estanco que se genera entre la boca y la mascarilla); afecciones
del metabolismo (la disminución regular de la cantidad de oxígeno que accede
al organismo a que acabamos de aludir da como consecuencia una menor
cantidad de oxígeno en sangre, es decir, déficit crónico de oxígeno celular y
tisular. Cuando la célula recibe menos oxígeno, se produce hipoxia celular, que
inhibe la fabricación de energía en el nivel mitocondrial. Esto es especialmente
grave en el caso de las personas en edad escolar, pues la hipoxia permanente en
la etapa del desarrollo del cerebro puede disminuir señaladamente su futura
potencialidad cognitiva, y particularmente perverso en el conjunto de las
personas, pues la hipercapnia puede producir a medio plazo acidosis en las
células, el mejor caldo de cultivo de los tumores y cánceres intersticiales);
pérdida de reflejos (reducción de las habilidades motoras finas, ya que ni los
nervios pueden transmitir fidedignamente las órdenes motrices, ni los músculos
implicados pueden producir la energía necesaria para su ejecución); daños del
sistema inmunológico (se menoscaba y se pasa a ser inmunodeprimido, en los
que las consecuencias de un resfriado común o las de una gripe estacionaria
serán mucho más graves y aumentarán su letalidad de forma considerable. La
razón principal estriba en que el organismo no se mantiene alerta, puesto que
no está sometido al intercambio natural y deseable con los habituales gérmenes y
bacterias que propicia la cercanía de otras personas y las interrelaciones
sociales).

ESTUDIO DE LA PANDEMIA
Dr. Sergio J. Pérez Olivero (C) Copyright (24/11/21) All Rights Reserved

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